La National Gallery de Londres expone durante tres meses una selección de obras maestras del barroco español con el título The Sacred Made Real: Spanish Painting & Sculpture 1600-1700; se trata de poner en diálogo pinturas y esculturas policromadas del siglo XVII.
Escoger la religión, el ritual, intercambiar la fe, sincretizar doctrinas e imágenes, crear espacios sagrados, es un fenómeno intrínseco en la historia de la humanidad. Eso siempre ha sucedido y seguirá ocurriendo.
Desde el principio y a lo largo de la historia, con frecuencia Pedro ha sido una roca inestable, fuente de escándalo, corrupto; sin embargo, es aquel cuya tarea radica en mantenernos unidos para que demos testimonio del triunfo de Cristo el Domingo de Resurrección sobre el poder corruptor del pecado.
La palabra “reforma”, con una larga historia en la Iglesia, el Vaticano II la ha asumido y la ha hecho suya al afirmar que la Iglesia está llamada por Cristo a una continua reforma.
En el camino que debe recorrer nuestra Iglesia adentrándose en el siglo XXI, no hay soluciones preconcebidas y disponibles de antemano: las “cosas nuevas” reclaman respuestas nuevas.
El teólogo Yves Congar se preguntó qué hizo que Pedro Valdo fracasase en su intento de reformar la Iglesia y que, en contraste, san Francisco de Asís le regalase a esta un poderoso renacer que aún conmueve a millones de seres humanos.
No se puede contraponer la Iglesia al mundo como dos realidades diferentes, como si Dios estuviera del lado de la Iglesia y la salvación del mundo dependiera de ella más que de Dios.