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"Si hay un sonido que llevemos pegado al tímpano de nuestros afectos, es el de la campana que oímos en la infancia". Eduardo Guzmán Esponda
Eduardo Guzmán Esponda
Federico Zaá
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Federico Zaá
Niños soldados: un drama
Caracas / Sociedad - El conflicto armado colombiano es un doloroso mosaico de atrocidades y desgracias, el cual ha cobrado la vida de 4.500 personas por año a lo largo de los 4 décadas de conflagración interna. Siendo uno de los sectores de la sociedad más vulnerables e invisibilizados el de los niños, niñas y adolescentes, que representa el 41,5 % del total de la población de ese país.
Según la Coalición contra la vinculación de niños, niñas y jóvenes al conflicto armado en Colombia (Coalico) existen en ese país entre 11.000 y 14.000 menores de 18 años de edad relacionados directa o indirectamente con el conflicto armado, ubicado sólo detrás de Sudán. La vinculación no es exclusivamente como combatientes también se les asignan tareas de inteligencia, cuidado de rehenes, labores domésticas o esclavitud sexual.
El fenómeno de reclutamiento por parte de la guerrilla y los grupos paramilitares viene en estrecha correlación con la pobreza. Estos grupos se apoyan en la ausencia en la sociedad de condiciones favorables para el progreso personal y lo aprovechan a su favor. Dinero y la posibilidad de salir de la miseria son parte de la promesa de un futuro mejor. En un informe elaborado por la Contraloría General de la República, entre la exclusión y el desarrollo, Bogotá (2002) las cifras mostradas son alarmantes: 24 % de la población por debajo de la línea de pobreza es menor de 10 años y el 18,3 % no tiene acceso al sistema educativo.
Human Rights Watch (HRW) en el informe Aprenderás a no llorar (2003) afirma: "incluso la decisión voluntaria de unirse a las fuerzas irregulares es más una consecuencia de la terrible falta de oportunidades en la sociedad." Esta combinación de factores forma un caldo de cultivo perfecto para captar nuevos combatientes.
Edgar Ignacio Fierro segundo al mando del bloque Norte de la Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) en las audiencias que se le realizaron en abril de 2007, comentó que el sueldo que se les daba a los niños oscilaba entre 150 y 250 $. Sin embargo, los grupos irregulares también se valen de medios coercitivos para lograr captar a niños y niñas dentro de sus filas. Secuestros o amenazas de muerte a los familiares figuran dentro del modus operandi del reclutamiento.
Por otro lado, el ejército utiliza a estos particulares ex combatientes como informantes o guías para ubicar campamentos guerrilleros, además, a las fuerzas del estado se les acusa de retener a niños, niñas y adolescentes más allá de las 36 horas que estipula el decreto 128, muchas veces ignorando el carácter de víctimas y tratándolos como un combatiente adulto. También las fuerzas armadas colombianas han sido objeto de señalamiento por este tema debido a un controversial plan de acercamiento y familiarización de niños, niñas y adolescentes con la dinámica de la guerra -"Soldados por un día"- el cual puede convertirlos en objetivo militar por parte de las guerrillas (FARC y ELN)
La niñez y la adolescencia son etapas fundamentales en la formación del individuo. En un informe elaborado por Ingrid Bournat, personal de campo del SJR Venezuela en El Nula, enumera los trastornos asociados con el reclutamiento y su influencia fracaso escolar destacan: trastorno del sueño, agresividad, trastorno del aprendizaje, depresión ansiedad y trastornos psicosomáticos. Elementos que atentan contra la consolidación de un sujeto exitoso. En el informe Guerras de adultos, niños soldados: voces de niños vinculados al conflicto armado en la región Pacífico y Asia del este, UNICEF (2002) se recoge el testimonio de Visna y sus problemas al dormir. Este ex combatiente camboyano sueña con su muerte y se ve perseguido por soldados que lo interrogan y le disparan tres veces.
En el informe de HRW se relata la experiencia de varios niños y niñas soldados sobre su proceso de "aprendizaje" dentro de los grupos irregulares. El entrenamiento abarca desde la elaboración de explosivos, instalación de minas antipersonales, manejo de rifles hasta métodos de tortura y ajusticiamiento. El mencionado informe asevera: "los adultos ordenan a los niños que maten, mutilen o torturen, preparándolos para cometer los abusos más crueles." (Human Rights Wacth, Aprenderás a no llorar, 2003 P.5)
El ciudadano respetuoso de las leyes y de los otros se cimienta en esas primeras etapas de vida, por lo cual resulta imperioso para cualquier Estado, garantizar todas las condiciones necesarias para conformar un sujeto con miras a que sea partícipe del desarrollo social. El Estado colombiano ha tenido una respuesta limitada ante la problemática, sin atender la totalidad de las dimensiones del problema —psico-social y educativo— brindando sólo una respuesta asistencialista y muy limitada. Coalico estima que sólo el 20 % de los menores de 18 años de edad vinculados al conflicto han sido atendidos por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF).
Sin embargo, muchas veces y en muchos lugares las condiciones óptimas para el desarrollo de las capacidades de estos grupos vulnerables no están dadas. Los conflictos bélicos que bullen en los cinco continentes atentan contra el sano crecimiento de niños, niñas y adolescentes.
Dentro de este marco violatorio de los derechos humanos —el reclutamiento de niños, niñas y adolescentes como miembros activos de las facciones— la conformación de sociedades justas y equilibradas se ve amenazada por la sustitución de lápices, libros y balones por balas, ametralladoras y granadas. Los sueños de mejoramiento y progreso de los más pequeños se ven truncados por la pesadilla de la guerra.
La utilización de niños, niñas y adolescentes en el conflicto armado que azota y desangra a Colombia tiene que ser visibilizado y duramente castigado por los organismos competentes, tanto en Colombia como en el ámbito internacional. No se puede tolerar y mucho menos ocultar esa cruda realidad que afecta directamente a miles de personas tanto en el país cafetalero como en los países vecinos y en diversas partes del planeta. Es hora de unir esfuerzos para evitar que esa pesadilla siga destruyendo el presente de ese grupo en el sopor de la guerra. Federico Zaá
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