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No se puede afirmar que la producción y uso intensivo de los biocombustibles sea ecológicamente positiva y que resguarde el medio ambiente; tampoco que socialmente sea dese
Juan Pablo Ruiz Soto

Juan Pablo Ruiz Soto

 

Biocombustibles: ¿alimentación o energía? Colombia - La expectativa de reemplazar la energía fósil por los biocombustibles, crece en todo el mundo y, también, existe en ello preocupación por el medio ambiente. Todo parece indicar que debido a los altos precios del petróleo y los conflictos políticos entre países que poseen reservas de combustibles fósiles y otros reconocidos como grandes consumidores de estas fuentes energéticas, los biocombustibles tomarán fuerza en las próximas décadas. Es sólido el argumento a favor de los biocombustibles frente a los hidrocarburos, en su positiva relación con el cambio climático, ya que la sustitución de energía fósil por energía renovable debería contribuir a disminuir presiones sobre el calentamiento global. El tema es complejo pues paralelo a estas auspiciosas perspectivas en lo que se refiere al resguardo del medio ambiente, el establecimiento de plantaciones a gran escala para proveer biomasa, genera preocupación por su posible impacto en el medio ambiente y su sostenibilidad social. La discusión está abierta.En términos del medio ambiente, los mayores riesgos identificados con las plantaciones están relacionados con la presión sobre los ecosistemas naturales y su transformación o destrucción.El uso de especies invasoras y el establecimiento de monocultivos que utilicen agroquímicos nocivos para el medio ambiente se considera un riesgo. Y desde el punto de vista social, se prevé que la utilización de tierras que hoy están destinadas a la producción de alimentos por cultivos que alimenten vehículos y generen energía, incrementaría el precio de los alimentos.También existe la preocupación de que las economías de escala puedan favorecer la concentración en la propiedad del suelo y la exclusión de los pequeños productores para acceder a estos nuevos mercados.El caso colombiano En el caso de Colombia, la producción de biocombustibles presenta altos riesgos para el medio ambiente. Veamos de forma breve el contexto y la configuración de los riesgos.Cambios en el uso de la tierra La producción de biomasa puede desplazar tanto a la ganadería como a la agricultura y presionar la expansión de la frontera agrícola con la consecuente destrucción de ecosistemas naturales. En Colombia más del 40% de la superficie del país está cubierta por ecosistemas naturales, bien sea bosques tropicales, bosques andinos, páramos o sabanas naturales. La demanda de biomasa puede generar el desplazamiento de actividades ganaderas o agrícolas a zonas donde hoy hay presencia de ecosistemas naturales, generando su destrucción o deterioro.La alternativa para evitar que los mercados de biomasa se conviertan en presión de expansión de la frontera agrícola es el incremento en productividad en el sector agropecuario y la consecuente liberación de espacios paro producción de biomasa. De lo contrario, un metro cuadrado utilizado en la producción de biomasa o desplaza uno antes utilizado con fines agropecuarios, o significa expansión de la frontera agrícola. El ejemplo más crítico se encuentra en Brasil donde la producción de soja ha causado la deforestación de 21 millones de hectáreas y se espera que, como respuesta al incremento en la demanda para biomasa, en los próximos años se deforesten 60 millones adicionales.Amenaza sobre la biodiversidadSólo por lo destrucción de ecosistemas naturales, se ve amenazada la biodiversidad. Esta también se ve en riesgo por el establecimiento de grandes monocultivos, por la simplificación de ecosistemas ya transformados, por la introducción y uso extensivo de especies invasoras y, por último, por el uso de agroquímicos. Estudios recientes demuestran que en Colombia la presencio de biodiversidad en los paisajes transformados es de gran importancia, hasta el punto de que algunas especies amenazadas de extinción sólo se han registrado en estas áreas. Informes de avance del proyecto Sistemas Silvopastoriles Integrales y Manejo de Ecosistemas muestran que para Colombia, en un área de 3.500 hectáreas en producción ganadera, donde se han venido implementado los sistemas silvopastoriles integrados con presencia de cercas vivas, árboles en potreros y conservación de relictos de bosque secundario, se han registrado, en 3 años de observaciones, 299 especies de aves, de las cuales el 23% son de interés global para su conservación; 403 especies de árboles y arbustos, de las cuales el 10% aparecen en las listas de IUCN como especies en peligro de extinción; y, 201 especies de hormigas.Los riesgos a la biodiversidad deben ser cuidadosamente estudiados en Colombia, uno de los cinco países más megadiversos del mundo y el segundo con mayor número de regiones ecológicas en América Latina.Deterioro de suelos y aguasLa experiencia colombiana demuestra que los monocultivos adelantados dentro del esquema de la revolución verde, con el uso intensivo de agroquímicos, tanto para fertilización como para control de plagas, han generado procesos serios de deterioro de los suelos. En Brasil y Argentina, se estima que la pérdida de, suelo asociada a los cultivos de soja está entre 19 y 30 toneladas por hectárea, dependiendo de las prácticas de manejo, clima y pendiente. Para Argentina, se ha estimado que la producción continuada de soja ha significado la pérdida de un millón de toneladas métricas de nitrógeno y 227.000 toneladas métricas de fósforo a nivel nacional.Incremento en los precios de los alimentosLa sustitución en el uso de la tierra para la producción de biomasa puede encarecer la producción de alimentos por varios factores. Uno de ellos es que las tierras que actualmente se usan para la producción agropecuaria son las de mejor calidad y ubicación lo que, obviamente, implica que aquellas a donde se desplazaría esta producción son de menor calidad lo que acarrearía caídas en productividad e incremento en los costos de producción y transporte, especialmente, si esto se da en áreas de expansión de la frontera agrícola, donde los suelos son muy pobres y no hay infraestructura vial. El incremento en la demanda de uso del suelo generaría, además, un encarecimiento de los precios del suelo y, por consiguiente, en las rentas por éste generadas, factor que incide en lo definición del precio de los alimentos.A lo anterior se suma que en los países de alto ingreso per cápita también se dará un desplazamiento en el uso de la tierra para la producción de biomasa y por esta vía, se incrementará la demanda de alimentos importados desde esas economías, generando mayor presión de demanda sobre la oferta local.La combinación de los dos factores antes mencionados, aumentará la presión de expansión de la frontera agrícola y encarecerá el valor de los alimentos para los sectores más pobres de la población, no sólo en Colombia, sino en todos los países en desarrollo.Necesidad de una estrategia de sustentabilidadSi se deja incrementar la producción de biomasa para combustibles por iniciativa del libre mercado sin intervención ni planificación por parte del gobierno de Colombia, es muy factible que varios de los riesgos arriba mencionados se manifiesten con severos impactos negativos no sólo sobre nuestro patrimonio natural, sino también sobre los sectores más pobres de la población.De hecho en el país ya empieza a utilizarse el suelo que hasta hace poco fue para la producción de alimentos, en la producción de biomasa, especialmente para caña de azúcar y palma africana lo que nos demuestra la urgencia de definir una estrategia de sostenibilidad para los nocivos efectos que la expansión de estos cultivos puede tener sobre nuestro medio ambiente y sobre la seguridad alimentaria de los habitantes más pobres y vulnerables de la población colombiana. Una buena estrategia no sólo contribuirá a disminuir los riesgos, sino que mejorará los condiciones de competitividad del país como abastecedor de combustibles no fósiles a nivel internacional, pues ya algunos países europeos empiezan a definir políticas para limitar la importación de estos, dependiendo de si el origen de la oferta es o no ambiental y socialmente sostenible.La producción de biomasa para debe requerir la certificación de sustentabilidad como condición para recibir el apoyo gubernamental y su impulso en el mercado. Sería deseable que cultivos que no pasen el análisis de sustentabilidad ambiental y social y que, por consiguiente, no obtengan la certificación, no puedan ingresar al mercado. Una vía para hacer posible esta propuesta es la definición de acertadas políticas públicas respecto al marco de referencia para los procesos de certificación. Para que la aplicación de este mecanismo sea posible, es necesario que la certificación sea clara y simple. Y esto se especifica en cuatro puntos:1. Balance positivo en términos de emisión de gases efecto invernadero.2. Competencia con tierras utilizadas para producción de alimentos.3. Protección de la biodiversidad y de otros componentes.4. Equidad social y beneficios locales.Conclusiones y recomendacionesLa producción de este insumo agroindustrial como fuente de energía renovable, es un tema en el cual la participación, a corto plazo, del Gobierno Nacional es muy importante, por el impacto que todo este despliegue tendrá a largo plazo. Dado que el desarrollo de estos mercados y la producción de materias primas apenas se inician en el país, la intervención gubernamental para orientar el proceso es urgente. Porque debe y puede moldear su desarrollo y moderar los efectos sociales y en el medio ambiente.Para definir una política gubernamental al respecto, un paso inicial es que el gobierno nacional evalúe el efecto de la expansión de cultivos de biomasa y su impacto sobre precios y disponibilidad de alimentos dada la competencia en el uso de la tierra entre producción agropecuaria y producción de biomasa. El análisis debe incluir, entre otros aspectos, los efectos sobre el precio de la tierra, las técnicas de cultivo, las rentas del suelo y la estructuro de la propiedad rural.Respecto a las unidades productivas, a nivel del productor individual, es importante que el gobierno nacional defina una estrategia de certificación de sustentabilidad para la producción de biomasa y que sólo aquellos productores que cumplan y adquieran la certificación, puedan acceder a los mercados y a los incentivos propuestos por el gobierno.La estrategia de sustentabilidad y el proceso de certificación que se deriven de esta estrategia deberán incluir la verificación de ésta en lo medio ambiental y social; así como la definición o no de incentivos desde el gobierno nacional para los productores individuales, según sean las técnicas de cultivo, las especies cultivadas y la ubicación geográfica y ecosistémica. La certificación debe realizarse de manera clara y ágil de forma tal que sea una herramienta útil y no se convierta en un sobre costo de bajo impacto. Para que sea ágil y confiable, la certificación debe ser evaluada por auditores externos, que a la vez, sean acreditados como tales por el gobierno nacional.La certificación, sea de carácter individual o grupal por productores geográficamente colindantes, debe incluir aspectos de balance de gases efecto invernadero, competencia con la producción de alimentos, efectos sobre biodiversidad, suelos y aguas y parámetros de equidad social y formas de contratación de la fuerza de trabajo.En términos del mercado internacional, es muy probable que algunos países decidan exigir un certificado de sostenibilidad para la importación de biocombustibles. En síntesis, si bien el uso de fuentes de energía renovable en sustitución de energía fósil, es en principio deseable, es necesario discutir y acordar a nivel nacional e internacional, unos criterios y una estrategia de sustentabilidad para los agrocombustibles de tal manera que estos sean ambiental y socialmente viables.
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Juan Pablo Ruiz SotoEconomista con especialidad en manejo de recursos naturales en el Banco Mundial. Los puntos de visto aquí expresados son del autor, no representan ni pueden atribuirse o la entidad para la cual trabaja .

 


 
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