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Como cristianos tenemos que profundizar nuestra unión con Cristo. Tenerlo siempre frente de nuestros ojos como presencia permanente y criterio de nuestras elecciones en la práctica de la vida
Johan Konings

Johan Konings

 

Voluntad de servir Belo Horizonte, Brasil - Presento aquí algunas reflexiones no propiamente académicas, pero que talvez ayuden a los académicos cristianos, y de modo especial a los católicos, aunque confío que también los hermanos de otras religiones pueden leer con interés y, quizás con provecho estas líneas. Quizás algunos se asustan cuando en una revista universitaria se habla en un tono pastoral cristiano y hasta confesional, católico. Ahora, una universidad católica no debe solamente ofrecer la tal de ciencia, sino que también mostrar el porqué de la contribución científico pedagógica que ella pretende entregar, es ahí donde, precisamente, la voluntad de servir, que su guía, Jesús de Nazaret, le legó. Voluntad que concretamente, se encarna en una institución confesional, por lo tanto, al servicio de todos. Procederé por el método popular de ver, juzgar y actuar, pero sin ser esquemático.Mirando alrededor, se nota no sólo una gran pobreza material y un aún más grande contraste con la riqueza de unos pocos. Se nota, sobretodo, una gran miseria interior. Miseria, digo, no pobreza, porque en el discurso cristiano la palabra “pobre” suena casi noble. La miseria de la que quiero hablar es de la que se observa en las poblaciones desconectadas que los alumnos escriben en la redacción para la PSU, la incapacidad de leer y escribir cuando llegan al final del segundo año, en la inutilidad de la escuela para encaminarse en la vida, en la superficialidad de las relaciones amorosas, en la esclavitud en relación a la publicidad y el consumo. Después de que la industria de la moda comenzó a poner la marca (grife!) por fuera, muchas personas también parecen chaquetas dadas vueltas hacia afuera. La interioridad se fue...Por otro lado, en cuanto estaba haciendo un retiro en la abadía de las benedictinas, observe a muchos /as jóvenes pasar por allí. Pero no para quedarse. Las novicias no completan su tiempo y se retiran. Dificultad en comprometerse para toda la vida. Lo mismo se dice de los matrimonios. los/las jóvenes perciben el malestar, pero no encuentran un camino seguro, una vía transitable, o una huella por donde avanzar en el gran desierto de esta vida que es llamada de pos moderna, aunque a veces ni alcance el umbral de la civilización. Pero no sólo los jóvenes están en esa. Multitudes concurren a las “tiendas de milagros”, a los “templos de la fe”, que funcionan en base de potentes altoparlantes. Parece que la salvación ya no viene de lo alto, pero si de quien grita más alto. Quizás por analogía de los bailes donde el sonido substituye a la música, un frenesí muscular en la belleza de la danza, las caderas... No es motivo de admiración que los políticos cambien la palabra dada por las coimas recibidas. Las absoluciones políticas son de la misma naturaleza que los milagros pedidos y las curas acordadas. Y los descargos y apuestas con Dios tienen la misma lógica que la lotería y el juego ilegal. Miseria interior, desierto resecado, mientras el gran río agoniza y aún le quieren sacar sus aguas. Hasta aquí este lamento minero. Pero, ¿donde quiero llegar? Quiero confrontar eso con lo que entiendo por ser cristiano.Tinieblas de la barbarie“Ser cristiano” es el título de un libro barato que escribí para el gran público (3ª edición brasileña de la editorial Vozes). Allí explico que Jesús no fue el Mesías esperado, el “salvador da la Patria”, pero el Mesías inesperado, el “hijo del hombre” quien es también el hijo de Dios, porque se dedicó al amor que Dios tiene por todos sus hijos. Él incluso dio su vida por ellos cuando el poder de este mundo no aguantaba más su palabra. Pero Dios, con su Espíritu que es Soplo de Vida, lo hace resucitar y lo mostró vivo a los que en él habían puesto su fe y esperanza, pues era él “el Justo”: era él quien tenía razón, no “el mundo” que lo rechazó. En cada palabra del Sermón de la Montaña, que muchas veces nos parece exagerado y medio loco, notamos que, en el fondo, él tiene razón. (En este sentido, quede impresionado al releer el libro del pastor luterano Dietrich Bonhoeffer, Discipulado [trad. brasileña: Sano Leopoldo: Sinodal, 1980]. Bonhoeffer quería cristianos que tomasen en serio su confesión de fe: la “Iglesia confesante”. Como a Jesús, eso le costó la vida. Siendo aún un joven profesor de teología, fue muerto por los nazis, en 1945, por haber participado en un atentado contra Hitler). Jesús es el “Justo”, la Luz que ilumina las tinieblas de nuestra barbarie y suscrita al conocimiento del misterio divino por medio de palabras sencillas, extraídas de la cultura de su pueblo. Luz transmitida por aquellos que se dejan encender por el Padre y se hacen luz del mundo, sal que da sabor y fuerza a la sociedad humana.Medité sobre eso en los días de Navidad: es la luz de Navidad. Esa luz “juzga”: condena una parte, da la razón a otra. Condena todo lo que queda al lado de la vocación de “hijo del hombre” que es la de cada ser humano. Condena la condenación a la ignorancia que pesa sobre las masas populares, porque la educación nunca fue tomada en serio. Condena la política del “mínimo vital”, que impide al pobre levantar la cabeza y alcanzar igualdad y dignidad, si no material, por lo menos humana y moral. Condena las estructuras que unen el poder al poder en vez de la justicia. Condena también la irresponsabilidad personal de tantos que “querían”, pero no quieren realmente. Que construyen sobre la arena, en vez de edificar sobre la roca firme. Que emprenden sin pensar y ponderar si pueden cargar con el costo.Esa luz que juzga da razón a los que prefieren la justicia y la solidaridad antes que la riqueza personal. A los que entregan su vida, viviendo o muriendo, para dar vida verdadera a sus hermanos y hasta incluso a sus enemigos. Poder y aparienciaFrente a eso, ¿qué hacer? No digo: qué acciones vamos a lanzar?, pero: qué hacer? Pues también pensar es hacer. Es la primera acción propiamente humana, pues somos animales racionales. No nos perdamos en el activismo. Comencemos por pensar, ponderar. Propongo que, en este momento, en que hasta el discurso de la liberación y el partido de los trabajadores están en crisis, hagamos una seria reflexión, para ver si, del punto de vista de la fe en Jesús, los fundamentos fueron bien colocados. ¿Será que nosotros los cristianos conscientes estamos basando nuestra comprensión y actuación en la luz de Cristo? ¿Será posible ser libertador sin ser liberado, personalmente, de los deseos de poder y apariencia? ¿Será que no nos dejamos seducir por el poder a todo costo, por la acción inmediata (pues las elecciones se aproximan), por la tentación de las “mejoras visibles”, pero quizás inconsistentes – ¿y qué es de la mejoras invisibles como son la educación y la cultura? Más a fondo: será que creemos realmente en aquello que el ojo no ve y el oído no escucha, el Espíritu, que no se deja reducir a ninguna ley histórica o dialéctica material – el Espíritu que resucito Jesús de entre los muertos y nos hace esperar contra toda esperanza?La vida práctica del cristiano es guiada por la opción consciente y personal por Jesús, que llamamos, en un sentido totalmente nuevo, Cristo o Mesías. Ahora, tengamos claro que Brasil no es un país cristiano, aunque que sea el país con el mayor número de católicos del mundo. Pues ese gran porcentaje (rápidamente decreciente) no significa que el espíritu de Cristo oriente las prácticas de nuestra sociedad. Además, ¿será posible una sociedad ser cristiana (ideal de la Cristiandad)? Cristianas son las personas, los que profesan su adicción a Jesús como guía. En nivel de sociedad se puede, como máximo, hablar de inspiración cristiana, pero esa fácilmente se degenera, como muestra la historia de la Cristiandad medieval y moderna. En Europa, los países que ya fueron “demasiados católicos” baten hoy todos los records en términos de desistencia... Cristianas son las personas que hacen de Jesús del Sermón de la Montaña y de la Montaña la Cruz su Cristo, su Ungido de Dios, ungido no con el perfume de los reyes o el bálsamo de los sumos sacerdotes, sino con el Espíritu de Dios. Esas personas son la sal de la humanidad, fermento en la masa.Religiosidad confusaDe ahí mi propuesta. Comencemos por la “familia de Dios”, la comunidad de la fe cristiana. Insistir en un “ser cristiano” asumido y confeso, sustentado por una verdadera iniciación personal, que debe ocurrir en algún momento de la vida. Basta de religiosidad confusa. La identidad cristiana es la condición para dialogar sinceramente con los que buscan por otros caminos la luz de la vida. Ahora, para mantener firme la consciencia de nuestra opción y mensaje, es necesario alimentarla permanentemente. La celebración dominical es el continuo “refontamento” en la palabra bíblica y en el memorial de Cristo, que por el don de su vida confirma su palabra de amor. Mantiene viva nuestra fe cristiana confesa. La Eucaristía es la consumación de la iniciación cristiana, es ahí que se vive el sentido pleno de la fe asumida. Ahora, muchos de mis amigos dicen que no tienen donde ir a misa. ¿Será así? Algunas veces me parece que cada uno quiere la misa a su manera, o con el grupo de su preferencia. ¿Será eso el espíritu del evangelio? La celebración de la Eucaristía (o de la Palabra) es obra de la comunidad de fe (eso significa la palabra liturgia), debe ser “objetiva”, no sustentada en elementos subjetivos muchas veces de calidad dudosa. Pero la comunidad de fe no es solamente la parroquia de treinta mil fieles... La profundización cristiana necesita de comunidades menores, integradas en nuestro día a día, en la familia, en la calle. Cada grupo de cristianos sociológicamente próximos (por la vecindad, por el parentesco, por el contacto profesional o cultural) debería tener su espacio de oración, aunque fuese apenas en un garaje o patio ocasionalmente arreglado para rezar un salmo, el divino oficio popular, el tradicional rosario (de preferencia meditado, no ametrallado...). La parroquia sería una comunidad de comunidades. En todos los barrios, en todos los ambientes donde vivan los católicos, debería haber espacios de encuentro y de profundización de la fe. Los cristianos de otras denominaciones nos dan el ejemplo en ese sentido.Y para eso no se necesita siempre del sacerdote. Nuestra gente da demasiada importancia al sacerdote, quiere un cura para todo. Parece una figura mágica. En Brasil, hay un Padre para cada 12.000 católicos. Antes de “arrendar” un Padre es bueno hacer un pequeño cálculo: si esas 12.000 personas quisiesen todos arrendar al Padre para sus fines particulares, cómo quedaría?! El Padre no es una persona de adorno para adornar eventos. Él es apenas un fiel en medio de los otros, un “lego” (lo que significa: miembro del pueblo de Dios) ordenado para ser colaborador del Obispo, para dedicarse al servicio de la fe de sus hermanos. Siendo que ese servicio no consiste sólo en realizar los sacramentos y ceremonias, pero si también orientar a la comunidad, hablar con las personas, visitar a los fieles, estudiar, instruir la catequesis, preparar largamente la homilía, para poder decir muchas cosas en poco tiempo... Lo que los otros fieles puedan hacer por cuenta propia es rezar, meditar, leer la Biblia, organizar la solidaridad háganlo (en sintonía con el Obispo, que es propiamente el sacerdote de la iglesia local), dentro del enorme campo de libertad que les está abierto. Es este su deber de cristiano, pues cada evangelizado es evangelizador (Papa Paulo VI). Los Padres están siendo ocupados de manera irracional. Vea los matrimonios. No se necesita de Padre para asistir el casamiento; el derecho canónico establece, además de (apenas) dos testigos, la presencia de un sacerdote o diácono, y en las religiones carentes de Padres basta un ministro extraordinario. ¡Ahora los padres pasan el mejor momento pastoral, sábado en la tarde, esperando parejas atrasadas para pomposas ceremonias, en que el compromiso de amor y fidelidad es la última cosa que pasa por la cabeza! Los Matrimonios deberían ser celebrados en celebraciones comunitarias, con un rito simple y gratis, la pompa se puede exhibir en otro lugar. También no es necesario un padre para hacer la encomienda o entierro de un cristiano fallecido. Hay ministros preparados para eso, que lo hacen con mucha más dedicación que el Padre, el que aveces no se sabe de donde es sacado. Lo mismo dígase del bautismo. Los católicos en Brasil aún no se liberaran del clericalismo y sacramentalismo mágico del pasado; por el contrario, parece que está volviendo con toda la fuerza...Eso mientras la familia de la fe. ¿Y fuera de ella, en la sociedad civil? Me parece que los cristianos en Brasil tenemos una misión especial en relación a la educación. Ayudar a las personas a estructurar su personalidad y su vida. Preservar los niños de “todo puede, todo vale”, que es el caos. Ofrecer contenidos, poner límites y explicar por qué. Entonces, los proyectos sociales, la lucha contra el hambre, la promoción de la salud encontraran piso firme en vez de ser un balde sin fondo. Educación a nivel institucional y, simultáneamente, también a nivel personal, pues como podría alguien que no es capaz de apagar la televisión enseñar actitudes conscientes a sus hijos? Por eso: atención a la familia y a los demás elementos básicos de la contextura social. ¿Hablar en familia será discurso burgués? Seamos honestos: tener una familia saludable es el sueño de cualquier uno, no sólo de la clase media – y en cuanto a la salud de las familias de clase media, no tengo muchas ilusiones.Otra urgencia: agentes competentes, honestos y dedicados, para actuar en la organización de la sociedad, o sea, en la Política (con P mayúscula). Mandatarios políticos calificados. El cristiano no puede quedar ajeno a la vida política y, si fuera ese el caso, debe hasta arriesgar su piel asumiendo un mandato. Y todos tienen que escoger aquellos que merecen la confianza, para el bien de toda la sociedad en primer lugar, de las víctimas de la desigualdad. Conclusión: como cristianos tenemos que profundizar nuestra ligación con Jesucristo. No apenas en el sentido de una “cultura” o “inspiración cristiana”, lo que seria insuficiente, pero en el sentido de tener al proprio Cristo como primera preferencia de nuestra vida. Tenerlo siempre frente de los ojos como presencia permanente y criterio de nuestras elecciones en vida. Somos “místicos y cristicos”. Entonces veremos la vida a la luz de Cristo y actuaremos, en relación a nosotros mismos, a la comunidad cristiana y al mundo, como “hijos de la luz”, con la clarividencia y adecuación que la luz de Cristo y su espíritu nos proporcionan.
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Johan Konings, S.J.Maestro en Filología Bíblica y Doctor en Teología por la Universidad Católica de Lovaine; Investigador y autor de varios libros en el área bíblica; miembro del Núcleo de Estudios en Teología de la PUC Minas; profesor de Teología Sistemática del Instituto Santo Inácio de Belo HorizonteBrasil .

 


 

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