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Los opositores a Hugo Chávez alertan sobre la necesidad de mantener las elecciones como canales de pacificación, crear condiciones de participación y propiciar el diálogo.
Wilfredo González, S.J.
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Caracas / Política – La irrupción de la enfermedad de Hugo Chávez en la coyuntura venezolana complica el escenario de las elecciones del próximo 7 de octubre y lo que vendrá después. La incertidumbre radica en la nunca descartable posibilidad de que se suspendan los comicios o bien, en el caso de ganar el actual Jefe de Estado, en la interrogante de si su salud le permitirá gobernar enfermo. Sus recientes órdenes para que se estudie la salida de Venezuela de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y la activación de la figura constitucional del Consejo de Gobierno han calentado los ánimos. Para algunos, este último está compuesto por personas que permiten pensar en un escenario de negociaciones. Dado que los nominados no tienen mayor peso en los grupos de poder, se cree posible que el Presidente venezolano lo esté activando para controlar a la posible persona que lo pudiera sustituir y, al mismo tiempo, para que le sirva como figura legal a los efectos de pactar, si la crisis se agudizara hasta niveles incontrolables.
Para la oposición, nada importa fuera de las elecciones de octubre, aunque algunos piensan que ni el Gobierno ni la Oposición tienen manera de imponerse contundentemente. Los opositores alertan sobre la necesidad de mantener las elecciones como canales de pacificación, crear condiciones de participación para los sectores excluidos de un posible pacto y propiciar el diálogo.
Los límites de participación de la sociedad, en general, y de las bases, en particular, se empequeñecen y se torna difícil concretar que todos los actores políticos y los ciudadanos actúen de acuerdo a la Constitución.
ACTORES PRINCIPALES
Los actores políticos oficialistas han sido muy irresponsables en el manejo de la información sobre la enfermedad del Presidente. Se han comportado como si no tuvieran nada que explicar a la gente, aduciendo que no van a contribuir con el morbo de los opositores. De modo que la creciente ola de rumores sobre Chávez que hoy reina en el país se debería a ese manejo opaco, mediático y ritual de la enfermedad.
De entre los oficialistas surgen los nombres de Nicolás Maduro (actual ministro de Relaciones Exteriores), Elías Jaua (vicepresidente de la nación), Diosdado Cabello (presidente de la Asamblea Nacional) y Adam Chávez (hermano del Presidente y actual gobernador de Barrinas, el Estado natal de ambos). Estas personas no tienen peso en la Fuerza Armada Nacional (FAN); no la conocen.
Sobre Cabello se han creado muchos mitos, la mitad falsos. Diosdado Cabello egresó de la FAN en 1987, apenas estuvo cinco años en la institución antes de participar en la intentona golpista del 4 de febrero. Su vinculación actual con el sector militar proviene del poder político que ha acumulado; algunos le agregan el poder económico.
Otro actor importante son los medios. La información/desinformación se ha convertido en un ámbito privilegiado de la política y de las campañas electorales que lleva a preguntarse seriamente sobre el papel de los medios, públicos y privados, más o menos comprometidos con una línea política.
Y, todavía, los militares. Es importante tener presente la tensión civil-militar que cruza los procesos sociales de Venezuela desde hace mucho tiempo. Hoy es de crucial importancia preguntarse sobre la función y estructura de las fuerzas militares en un sistema democrático; cómo se garantiza su subordinación a los Gobiernos civiles y qué papel juegan en el resguardo del orden público afectado por crecientes formas de violencia. Lamentablemente, un nada desdeñable sector de la sociedad venezolana todavía piensa que los militares deben intervenir en el proceso político (unos para mantener al Presidente y otros para derrocarlo).
En el estamento militar se distinguen, al menos, tres facciones. Los “institucionalistas”, los “antichavistas” y los “de Chávez”. Los primeros responden a la concepción más moderna de la Fuerza Armada; se entienden como profesionales cuya principal función es la seguridad y la defensa de la nación. Se apegan a los criterios de ascenso según méritos académicos, obediencia, disciplina, subordinación y prestancia personal. Los “antichavistas” centran todos sus malos humores en el Presidente. Se indignan porque no se respeta la majestad de la institución armada sometida a una sola persona y esperan su momento para reposicionar esa imagen en la sociedad. Y tratan de eliminar la fuerza personal de Chávez en la institución castrense. Los “de Chávez” se orientan a defender no la integridad y soberanía nacional, sino la revolución y el líder. Deben su ascenso a su fidelidad al proceso revolucionario; aunque ninguno se inmolaría por Chávez.
Además, está la Milicia Nacional Bolivariana, que es el partido armado de la revolución: un cuerpo armado al margen de la Constitución, rechazado por el pueblo en el proyecto de Reforma Constitucional de 2007. La Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional indica que no forman parte de ella; sin embargo, portan su uniforme y sus armas. Peor aún, dependen directamente del Presidente y cuentan con presupuesto propio.
DOS ESCENARIOS ELECTORALES
Que en las elecciones del 7 de octubre gane Henrique Capriles es el escenario más valorado por la oposición y un amplio sector de la población. La derrota electoral de Chávez acabaría con el mito del hombre imbatible.
De este modo, se consolidaría y legitimaría la oposición democrática que ha venido trabajando por la unidad de todos los partidos opositores hasta elegir a su candidato en elecciones primarias abiertas a todos y multipartidista. Sin embargo, tendría que gobernar en condiciones muy adversas dado que las instituciones más importantes son fieles a Chávez.
Otro escenario: Chávez gana, pero disminuido. Es difícil saber si Chávez va a delegar y decidir según procedimientos constitucionales; hasta ahora ha sido autoritario y personalista. Entonces, si gana estando enfermo, la pregunta es: ¿de qué otra manera va a gobernar? ¿Mediáticamente o de acuerdo a la Constitución? No va a poder gobernar con las mismas energías. De ahí la gran incertidumbre que ya se siente. Todo hace pensar en una larga transición, se hable de ello o no.
Son muchos los desafíos. Como solemos decir popularmente en Venezuela: “Como vaya viniendo, vamos viendo”.
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