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Informaciones provenientes de fuentes no oficiales fijan los resultados de la primera vuelta electoral en base a una polarización entre Mohamed Mursí (con un 25% de los votos) y Ahmed Shafiq (con un 24% de los votos).
Eduardo Daniel Alonso, S.J.

Buenos Aires / Política – El mundo está siguiendo con gran interés el proceso histórico de Egipto, la nación árabe más importante e influyente: segunda jornada consecutiva en la que cincuenta millones de ciudadanos están concurriendo en masa para emitir sus votos y elegir al nuevo gobierno del país, en medio de un clima general de euforia, bajo la cercana vigilancia de la junta militar que tomó la responsabilidad de la conducción política tras la caída del régimen de Hosni Mubarak en febrero de 2011, luego de dieciocho días de manifestaciones populares. Se han dado a conocer algunas irregularidades, como por ejemplo el hecho de que algunos grupos continúan haciendo campaña electoral pese a la expresa prohibición existente o que no se les autoriza el ingreso a los observadores internacionales en algunos distritos. Pero, la Liga Árabe —que, según reportó la agencia EFE, cuenta con cincuenta y dos observadores desplegados en trece provincias—, a través de Mohamed El Jamlishi, declaró que "en general las irregularidades se cometen por ignorancia o por falta de experiencia. La organización de las elecciones es buena, aunque esos comportamientos influyan". Por su parte, la Red de Observadores sin Fronteras (RASED) denunció que hoy se registró mayor actividad proselitista prohibida que durante el día de ayer. Aunque, en líneas generales, las informaciones que pueden leerse a través de distintos medios en la web, coinciden en reconocer el rápido despliegue del ejército y de la policía para controlar la legalidad de los comicios y evitar prácticas abusivas. En caso de necesidad, habrá segunda vuelta los días 16 y 17 de Junio.

Entre los once candidatos existentes para ocupar la presidencia, dos son las tendencias más relevantes: una laicista y de corte nacionalista; otra de raíz islámica. Dentro de la primera se inscriben principalmente el candidato Amro Musa, el ex-Primer Ministro de Mubarak, Ahmed Shafiq, y el naserista Hamdin Sabahi; dentro de la segunda, hay una vertiente más conservadora representada por Mohamed Mursí (Hermanos Musulmanes) y otra vertiente moderada encabezada por el candidato Abdelmoneim Abul Futuh. El antecedente inmediato está dado por las elecciones legislativas que se llevaron a cabo durante noviembre y diciembre de 2011, en las que los Hermanos Musulmanes alcanzaron el 70% de los votos. Se trata de una tendencia cívica y cultural muy difícil de ser revertida en tan corto tiempo. De ahí que algunos analistas egipcios —como Ashraf El Sherif, de la Universidad Americana de El Cairo— se inclinan por vaticinar que el próximo presidente será Mohamed Mursí. Si se piensa en los votos de los ciudadanos egipcios residentes en el extranjero, éstos se aglutinan a favor de los Hermanos Musulmanes en primer término, seguidos de quienes se inclinan por Abul Futuh y por Sabahi. Por lo tanto, muchos piensan que aun cuando los laicistas y moderados queden bien posicionados en una primera vuelta, el triunfo de los islamistas será evidente en una segunda.

El arribo de un presidente islamista a Egipto preocupa a Occidente, a Israel y a la minoría cristiana. Temen que suceda algo análogo a lo que está aconteciendo en Irán. Lo Hermanos Musulmanes, aunque desgastados en credibilidad, todavía constituyen un referente importante de la revolución que logró desalojar a Mubarak; ellos han propuesto públicamente la implantación de la ley islámica en el país. Por ende, algunos consideran que el triunfo de los islamistas en Egipto podría redundar en un efecto dominó capaz de expandirse en toda la región. En definitiva, lo que está pasando en este instante en Egipto resulta de una trascendencia única para el futuro de las relaciones internacionales y para la tan deseada paz en la zona. En este contexto, si bien la Constitución es de corte presidencialista, los legisladores han ensayado algunas iniciativas para reformarla en base a un sistema semi-parlamentario, pero no lograron ponerse de acuerdo al respecto. El rol que jugará la junta militar después de que Egipto cuente con un presidente elegido por el pueblo, permanece en el misterio. Pese a que los Hermanos Musulmanes buscan neutralizar el poder de los militares, quizás éstos resulten el único reaseguro viable para prevenir una radicalización política en el país, aunque ello tendrá sin lugar a dudas un costo social imposible de ser medido en el presente.

Finalmente, informaciones provenientes de fuentes no oficiales fijan los resultados de la primera vuelta electoral en base a una polarización entre Mohamed Mursí (con un 25% de los votos) y Ahmed Shafiq (con un 24% de los votos). Si esto se confirma, los Hermanos Musulmanes presentarán a su opositor como un mero continuador del régimen anterior, mientras que el ex-Primer Ministro Ahmed Shafiq se esforzará en resaltar su experiencia en la gestión pública y el riesgo que corre el pueblo de Egipto al elegir a un presidente capaz de llevar al país a la guerra. El escenario se complica con estas posturas muy dicotómicas que representan el grado de división de la opinión pública de cara a la segunda vuelta electoral durante los días 16 y 17 de junio.

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Eduardo Daniel Alonso, S.J. Publicado también en su blog personal, De Delfines y Anclas, http://dedelfinesyanclas.blogspot.com.ar

 
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