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Ayer,  BBC Mundo –fiel a su estilo, para decirlo con todas las letras– publicó una excelente reseña periodística a diez años del llamado "corralito" argentino. Sobre la base de dos historias reales, el autor de la cobertura, Vladimir Hernández, ofrece al lector un panorama completo y a la vez paradójico de lo que sufrió el pueblo argentino tras la debacle del sistema de convertibilidad.

La primera de las historias pertenece a Micaela Rastano. Ella había solicitado un préstamo por US$ 40.000 para adquirir su propio departamento. ¿Qué hizo frente a las medidas tomadas por el entonces presidente Duhalde? Vender sus ahorros en dólares a la gente desesperada por comprarlos. Así con un total de US$ 6.000 se hizo de los pesos suficientes para poder cancelar en seis meses una deuda bancaria que ascendía a la suma de US$ 40.000. ¿Refejos rápidos los de la Micaela Rastano, verdad?

La segunda historia pertenece a Carina Etchegaray. Ella había cobrado una suma de dinero, fruto de una sentencia judicial en el Fuero Laboral. Decidió depositar los fondos, mientras se dedicaba a buscar un nuevo hogar para su numerosa familia. El dinero de Carina Etchegaray quedó dentro del "corralito" financiero. Cuando pudo al fin retirarlo del banco, lo que antes servía para adquirir un piso de dos ambientes en la ciudad de Buenos Aires, en ese momento solo le alcanzaba para comprar un auto. Carina no tuvo la misma suerte que Micaela, ciertamente; su historia es muy parecida a lo que sufrió la inmensa mayoría de los argentinos.

Tanto Micaela como Carina pertenecen aparentemente a la clase media argentina. ¿Qué decir de los pobres y de cómo ellos padecieron los efectos de la crisis? De eso fui testigo directo. En las barriadas populares, la solidaridad entre las familias, en especial si estas contaban con ancianos y muchos niños, se organizó bajo la forma de "ollas populares". La Iglesia Católica, a través de Cáritas, ayudó muchísimo en zonas muy carenciadas del Gran Buenos Aires, con alimentos no perecederos, pañales, medicamentos, etc. Había médicos, abogados, psicólogos, asistentes sociales, etc., que se ofrecieron como voluntarios ad honorem para ayudar a las personas más pobres en sus muchos dramas. El trueque se convirtió en el valor de reemplazo del peso. Surgieron las fundaciones que otorgaban microcréditos para auxiliar a las familias a salir del atolladero.

En estos días se supo que entre enero y setiembre de este año, se fugaron de Argentina unos US$ 18.500 millones; en 2001, la cifra superó los US$ 21.000. No son datos para pasar por alto. Dan que pensar. Hablan de una desconfianza profunda en la política económica. Pequeños ahorristas se están volcando al dólar estadounidense de manera frenética. El gobierno ya tomó medidas para poner freno a esta clase de compra desenfrenada, a través del BCRA.

La Historia no es un mausoleo venerable. Sus relatos no tienen nada de suntuosidad. La Historia es Historia de los múltiples sentidos que atraviesan la existencia. Es un relato abierto. No aprender de ese relato es, de alguna manera, renunciar a algo esencial de la humanidad.


 
 
Revista Mirada Global © Copyright 2009