Alrededor de tres mil jóvenes de todo el mundo se reunieron en el lugar donde Ignacio tuvo su experiencia de conversión. Ahora es un lugar de peregrinación y renovación espiritual.
Equipo Ecojesuit


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Madrid / Ecología – La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) es la gran reunión mundial de jóvenes católicos, iniciada por el papa Juan Pablo II en Roma en 1984. Desde entonces, Buenos Aires, Santiago de Compostela, Czestochowa, Denver, Manila, París, Roma de nuevo, Toronto, Colonia y Sidney han sido sede de la JMJ. Miles de jóvenes católicos, en una sorprendente mezcla de tradición (liturgias, fiestas) y modernidad (música, performances, arte), participan entusiastas, como en cualquier festival musical de mayor éxito que tenga lugar durante el verano. En este caso, la multitud no aclama a cualquier estrella de rock sino al Papa. Este año la JMJ tuvo lugar en Madrid, del 16 al 21 de agosto.
 
Magis es el nombre del programa promovido por la Compañía de Jesús y otras congregaciones religiosas de espiritualidad ignaciana como un tiempo de preparación para la Jornada Mundial de la Juventud. Magis 2011 comenzó con un encuentro de tres días en Loyola (Guipúzcoa, España), ciudad natal de San Ignacio. Alrededor de tres mil jóvenes de todo el mundo se reunieron en el lugar donde Ignacio tuvo su experiencia de conversión. Ahora es un lugar de peregrinación y renovación espiritual. Durante dos días tuvieron la oportunidad de relacionarse, reflexionar y orar. La eucaristía del domingo 7 de agosto, presidida por el P. General Adolfo Nicolás, marcó el punto de partida para una semana de “experiencias” antes de la JMJ.
 
Divididos en grupos de 25 y dispersos por toda la geografía de España, también en Portugal, e incluso un grupo en Asilah, un pequeño pueblo costero del vecino Marruecos, los participantes se involucraron en experiencias relacionadas con el compromiso social (por ejemplo, con inmigrantes, infancia, minorías, personas con discapacidad); la cultura y las artes (música, fotografía, restauración), la espiritualidad (peregrinaciones), y también con la ecología.
 
Algunas de las experiencias se mezclan, como “CreArte”, donde las artes, la ecología y la espiritualidad se funden en Olmos de Atapuerca (Burgos, España). Allí, en el taller del escultor Javier Sanz, los jóvenes tienen la oportunidad de utilizar la pintura y la escultura para expresar sus experiencias y sentimientos, todo ello en contacto directo con la naturaleza. La ecología estuvo en el centro de la peregrinación de Salamanca a la Peña de Francia, subiendo desde la meseta castellana hasta la montaña de 1,400 metros de altura de la Peña de Francia. Fue una extraordinaria oportunidad para participar en la identificación de suelos y vegetación así como la toma de conciencia de las implicaciones de la deforestación en la zona, durante su visita a uno de los santuarios más admirados dedicado a la Virgen María en España.
 
La ecología es también parte de la experiencia en el castillo de Javier (lugar de origen del misionero San Francisco Javier). Aquí la ecología también se fusiona con las artes: involucrarse con la historia del castillo y de trabajo en el cuidado de los espacios naturales que rodean el castillo. También en Navarra, en Arizkun-Lamiarrita, esta experiencia se basa en los desafíos de vivir juntos en un contexto multicultural al tratar de leer la presencia de Dios en la naturaleza. La experiencia se llama “La Tierra, hogar de todos”. En Cataluña, en el marco impresionante de Montserrat, la experiencia “Experimentar la creación” les dio la oportunidad de profundizar en una espiritualidad abierta a la creación y la naturaleza.
 
En los Pirineos, utilizando el modelo de los Ejercicios Espirituales de la aplicación de sentidos, tuvo lugar en Canfranc “Los cuatro elementos”, una experiencia de vivir cerca y atentos a la naturaleza, mientras tuvieron la oportunidad de interactuar con artesanos locales. En Portugal, en Ourém-Fátima, a través de “En tu tierra”, se propuso reflexionar sobre espiritualidad y ecología viviendo en una granja. En el sur de España, en la costa, en Málaga bajo el nombre de “Cuidemos la creación”, se propuso una experiencia de naturaleza y conservación realizando senderismo, buceo y visitas de interés ecológico. En las Islas Canarias la experiencia se llamó “Recuperando lugares para el encuentro”. Allí la propuesta consistió en restaurar los edificios y una ermita de la zona como espacio de encuentro con la comunidad y la naturaleza en La Mayordomía, un lugar histórico.
 
En Valladolid, la Escuela Universitaria de Ingeniería Agrícola de los jesuitas (INEA) realiza un programa para jubilados, con el apoyo del Ayuntamiento desde hace cinco años. La escuela ofrece huertos para cultivo ecológico a 450 personas retiradas además de supervisión técnica. Los agricultores se inscriben en los centros sociales del ayuntamiento y no necesariamente cuentan con experiencia previa en agricultura. Reciben un huerto de 15 m2, capacitación y asistencia técnica. Por su parte se comprometen a realizar un cultivo estrictamente ecológico y a asistir a las sesiones de formación organizadas por la Escuela. Después de cinco años, la experiencia es un éxito total, no sólo por la producción agrícola sino por la implicación social de la comunidad y la Escuela.
 
Diane Haushalter es una joven francesa que acaba de terminar sus estudios en psicología y en el futuro le gustaría trabajar como terapeuta infantil. Se enteró de Magis a través de unos amigos y ha participado en la experiencia promovida por INEA: “Hábitat Sostenible”. Diane creció en una zona rural, por lo que sabe muy bien lo que implica la agricultura. Para ella ha sido muy fácil ayudar a los “jubilados” en la limpieza de los huertos y en actividades como regar o recolectar verduras bajo el implacable sol de Castilla. Quedó muy impresionada de cómo “la agricultura y la naturaleza facilitan la comunicación”. Diane no habla español, pero le resultó muy fácil relacionarse con los hortelanos.
 
Xavier es un diácono jesuita haciendo sus estudios de Teología en Hong Kong. Es una persona muy concienciada con los problemas ambientales y señala lo que considera los retos ambientales más importantes: “el insostenible nivel de consumismo en las sociedades desarrolladas, el uso excesivo de químicos y fertilizantes en la agricultura y los riesgos para la seguridad alimentaria en muchos lugares de todo el mundo”. Se sorprendió por el alto rendimiento de la agricultura ecológica en Valladolid y pasó buena parte del tiempo trabajando en la plantación de hortalizas en el invernadero. Él es un convencido de la necesidad de una vida más unida con la naturaleza. “Este es el reto más importante para nosotros y para la Iglesia”. Un momento muy emotivo de esta experiencia fue cuando durante una de las liturgias de la tarde se invitó a los participantes a plantar un árbol como signo de su propio compromiso con la naturaleza y el mundo.
 
El objetivo de esta experiencia, además del contacto diario con los agricultores, pretende involucrar a los participantes en una relación más respetuosa con la naturaleza. Así el grupo ha debido cocinar su comida a partir de la producción ecológica procedente de los huertos, por lo que su dieta estuvo adaptada a los productos de temporada y a la generosidad de los productores que comparten sus bienes, como compensación por su trabajo. También visitaron algunas zonas rurales cerca de Valladolid para conocer sus condiciones de vida (envejecimiento de la población, la baja rentabilidad de las explotaciones agrícolas y el aislamiento) y expectativas (sostenibilidad social y económica, preservar su estilo de vida).
 
El P. Félix Revilla, S.J., y el P. Juan José Tomillo, S.J., ambos ingenieros agrónomos, son responsables de esta experiencia y se han implicado a fondo con este grupo internacional para que puedan tener una buena experiencia comprensiva de las interacciones entre naturaleza, sostenibilidad, vida rural y fe cristiana. P. Revilla lo expresa así: “mirando a Jesús podemos encontrar una extraordinaria visión de lo que significa amar a la naturaleza”.
 
Claire de Beaucorps, también francesa, conoce bien Valladolid, pues vivió allí durante un año como estudiante de Sócrates. Y volvió a Valladolid con Magis. Ella trabaja en Marsella, en un centro de diálogo interreligioso. Siente que nos estamos enfrentando a retos globales y extraordinarios, como nunca antes. Como ciudadana y cristiana comprometida, considera que “debemos buscar un compromiso común entre el medio ambiente y todas las religiones monoteístas, esto sería una señal grande y maravillosa de que las religiones promueven la unidad”; nuestras “fes” tienen mucho en común con el cuidado de la naturaleza, pues consideramos a Dios como creador. Todos hemos recibido la responsabilidad sobre el cuidado de su creación, “esto es un mensaje fuerte para el mundo”.
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Equipo Ecojesuit. Publicado en Ecología y Jesuitas en Comunicación, http://ecojesuit.com
 

 
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