Viaje desde el periodismo hacia la pastoral universitaria. La vida pastoral tiene muchas recompensas, a pesar que no se pueden medir fácilmente.
Clarissa V. Aljentera

Nueva York / Religión – Cansada y agotada, me entregué al llamado.
 
No es fácil explicar el sinuoso camino que recorrí a través de ocho años de periodismo, ocho periódicos y cinco estados antes de llegar a la pastoral universitaria.
 
Pero sé que cada entrevista a un atleta, a un miembro sufriente de alguna familia y al prepotente director de algún colegio me prepararon para mi actual labor pastoral para los alumnos de derecho y medicina de Northwestern University.
 
En aquellos tiempos, vivía una vida muy acelerada marcada por constantes plazos. Cuando no estaba redactando historias, estaba haciendo entrevistas por teléfono, a veces durante más de una hora, o contestándoles a enfurecidos lectores. Ahora, en mi primer año en la pastoral, mis conversaciones se centran en exámenes y planes para el verano. Hago preguntas sobre compañerismo y fe. No son preguntas perspicaces hechas con el objeto de obtener información oculta. Son preguntas que prueban que me importa.
 
John C. Quinn, un gran periodista conocido como “Chips” le daba esta recomendación de los periodistas: “Preocupación, preocupación, preocupación. Demuéstrenla”. Quinn era editor en The Poughkeepsie Journal de Nueva York cuando murió en un accidente automovilístico a los 34 años. Como periodista, traté de seguir su consejo. De alguna manera, sus palabras pueden haber contribuido a dirigirme hacia el camino que elegí.
 
Trabajar en la pastoral me permite preocuparme por los alumnos en aspectos que podrían haber parecido artificiales para un periodista de algún diario. Mi trabajo no es reconocido por la firma en algún artículo, sino que en la vida espiritual de algún alumno y en las opciones que él o ella toman. Ver mi nombre en letras de molde era significativo, pero en el largo plazo, las relaciones que he establecido en la pastoral han resultado ser muchísimo más satisfactorias.
 
Como adulto joven, puedo comprender las dificultades que sufren los estudiantes. Sé lo que significa dejar a tu familia para perseguir lo que te apasiona, vivir a miles de kilómetros de distancia de tu hogar. Ellos se preguntan por qué decidí establecerme en una ciudad donde no tengo amigos cercanos o conexiones profesionales. Yo les digo que pongo en mi trabajo la misma tenacidad y sentido de la aventura que hicieron de mí una periodista aceptable. Estoy determinada a que esto funcione.
 
Decidí abandonar el periodismo en 2007 porque los periódicos estaban en dificultades y no veía un futuro en mi profesión. Fue una decisión muy difícil. Noche tras noche, lloré arrodillada frente a mi Santo Niño, una estatua de madera del niño Jesús, una imagen popular entre los estadounidenses filipinos. Esa misma imagen me inspiró cuando, siendo adolescente, contemplé la posibilidad de la pastoral por primera vez. Mis padres me convencieron entonces de buscar un trabajo que tuviera mejor remuneración, a pesar que el periodismo resultó no ser la carrera lucrativa que ellos imaginaban.
 
La vida pastoral ofrece muchas recompensas, a pesar que no se pueden medir fácilmente. Ayudar a un alumno a encontrar tranquilidad en medio de una tarde atareada, guiar a una alumna en la oración cuando está considerando una decisión que cambiará su vida, esos son momentos privilegiados de los que participo casi a diario.
 
Ser testigo de la transformación de las vidas de los estudiantes me motiva a trabajar más profundamente en mi propia fe. Una joven, a quien llamaré Samantha, me comentó sobre su deseo de encontrar un marido cuyo origen cultural y religión sean similares a los suyos. Ella nació en la India y fue criada en la fe de la iglesia católica siro-malabar. Nuestras conversaciones giraron en torno a su identidad católica y cómo esto era importante para ella personal y profesionalmente dentro de la profesión médica. Samantha me pidió que rezara por ella el fin de semana en que rompió con su novio porque su relación no estaba avanzando en la dirección que ella esperaba.
 
Viajar con los estudiantes a través de la pastoral puede ser una experiencia enriquecedora a medida que cada historia se va desplegando. Para ser una ministro realmente efectivo tengo que pensar más allá de retiros de fin de semana, eventos sociales y viajes de servicio de una semana. Tengo que ir más hondo. Un día puedo encontrarme investigando las nueve formas de orar de Santo Domingo; otro día puedo estar buscando relatos acerca del cuidado de los que están en condición terminal. Hago lo mejor que puedo para ayudar a los estudiantes a navegar por profesiones estresantes que enfrentan permanentemente las fronteras entre la vida y el trabajo, y pone sus principios morales a prueba.
 
El cambio a la pastoral universitaria resultó ser un camino duro y a veces solitario. En el trayecto he adquirido fuerza de los mismos estudiantes que he conocido. Consideren a Rich (nombre ficticio), que también empezó en periodismo, pero ahora se cambió a derecho. Él está luchando por encontrar comunidad y un lugar donde centrarse. Después de una serie de conversaciones mensuales, trabajamos juntos para focalizar este deseo en el contexto de su vida diaria. Conversamos sobre deportes, asuntos contingentes y tareas legales escritas, pero siempre regresábamos al tema de dónde Rich podía dar lo mejor de sí.
 
Al igual que Rich, yo también he bregado por encontrar una comunidad profesional y una comunidad de fe. Este viaje me ha llevado desde la majestuosa costa de California hasta una ciudad conocida por sus rascacielos. El cambio ha sido difícil, pero me siento más cómoda con mi soledad. Ya no desecho sino que acepto este camino desconocido que crea instantes pasajeros de belleza en medio de largas etapas de soledad.
 
Encontrar un equilibrio sano entre el trabajo y la vida ha sido más fácil en la pastoral que en el periodismo. No todo tiene que estar listo a más tardar a la hora del cierre de la edición, a la 6 de la tarde. Vivo la vida a un ritmo más pausado. Trato de no verme sobrepasada. No hay ciclos de 24 horas de noticias en la pastoral universitaria, a pesar que mi paso por el periodismo me ha ayudado a orientar a los estudiantes en sus propios momentos de estrés, cuando se meten a sus madrigueras para prepararse para los exámenes finales.
 
Acostumbrarme a mi nueva vida resultó un desafío mayor de lo que había imaginado, pero ahora, pero ahora estoy celebrando un maravilloso año de novata en la pastoral. Este viaje continúa sorprendiéndome y me hace desear más aún.
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Clarissa V. Aljentera. Vicaria pastoral universitaria en Sheil Catholic Center de Northwestern University in Evanston, Ill. Publicado en America magazine, www.americamagazine.org

 
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