Los resultados electorales de las elecciones parlamentarias venezolanas tendrán importantes consecuencias a lo largo de este año y requerirán de muchos análisis.
Aram Aharonian

Nicaragua / Política – La realidad venezolana después de las elecciones parlamentarias del 26 de septiembre de 2010 nos muestra medio vaso lleno y medio vaso vacío. Es una realidad que le deja un gustito muy amargo al movimiento bolivariano, pese a casi un centenar de diputados electos a la unicameral Asamblea Nacional de 165 miembros, y un sabor dulzón a una oposición que, entre otras cosas, deberá demostrar que eso de converger en una Mesa de Unidad Democrática es mucho más que un estado de ánimo coyuntural.

— Las alarmas comenzaron a sonar dentro del chavismo, que se enfrenta a una situación inédita en los últimos cinco años: para poder avanzar en la profundización de la revolución bolivariana deberá aprender a negociar (¿en un escenario bipartidista al mejor estilo de las democracias representativas o reclamativas?), porque no logró la meta de las 110 curules, que le aseguraba una mayoría absoluta.
 
— La derecha avanza sobre las conquistas del modelo bolivariano y condiciona la posibilidad de que éste avance con otras leyes que profundicen las pendientes reformas del Estado, la reforma del modelo económico y la del modelo cultural. Para Aristóbulo Istúriz, dirigente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), en enero, cuando tomarán posesión los electos, los asambleístas tendrán la oportunidad de debatir “el socialismo versus el capitalismo”.
 
— Ante periodistas de todo el mundo, el propio presidente Hugo Chávez ofreció el primer cuadro de la situación: “Obtuvimos 98 diputados de un total de 165. Es el 59.39 % (casi 60%) y estuvimos a un diputado de una de las mayorías calificadas (la de los 3/5). El bloque contrarrevolucionario obtuvo 65 diputados, el 40%. El PPT sacó 2 diputados en Amazonas”.
 
— Añadió que el PSUV ganó en 18 de los 24 estados del país. Y habló de los empates en los estados Miranda y Sucre: “De los 87 circuitos ganamos en 56 de ellos, el 64%. Ellos ganaron en 30 circuitos, es decir, en el 36%, y en el caso de Amazonas, 1%”. Los opositores han dicho y repetido que ya son la nueva mayoría. Sobre esto, dijo el Presidente: “Si se creen mayoría, entonces convoquen a un referendo revocatorio...Háganlo, ¿para qué esperan dos años?” La sugerencia de Chávez alude a los próximos comicios presidenciales de finales de 2012.
 
— La realidad cotidiana determinó la conducta del ciudadano venezolano, que fue a votar o prefirió quedarse en casa de acuerdo a la gestión administrativa de su localidad y a la convocatoria de los candidatos que se presentaron a la lid. La abstención fue poco más de una cuarta parte del padrón de 17.5 millones de votantes.
 
— Dos preguntas saltan al observar la nueva situación: ¿Es posible una reconciliación de clases? ¿Es posible no tener en cuenta el tablero del ajedrez global, donde las reservas petroleras y de gas son miradas con cariño por Estados Unidos y otras potencias?
 
— Más allá de sus resultados, estos comicios cambiaron el panorama político venezolano y el país pasará a otra etapa, quizá más conflictiva, casi dividido en dos mitades, convertido en una de las más preciadas piezas del ajedrez estratégico global ante la apetitosa mirada de las principales potencias del mundo que se disputan sus recursos naturales.
 
— El PSUV cuenta con el Poder Ejecutivo, con mayoría en la Asamblea Nacional, con una maquinaria capaz de movilizar a millones y con unas Fuerzas Armadas que son, institucionalmente, parte del proceso bolivariano. En la otra vereda, existe una montonera de partidos fragmentados, cuyo único referente es la oposición a Hugo Chávez y el sueño de retomar los privilegios e clase que tuvieron durante décadas.
 
— Las dos terceras partes de la Asamblea eran necesarias “para consolidar la hegemonía y debilitar las viejas fuerzas”, Chávez dixit. De lo contrario, se presagian serios y peligrosos conflictos, que pudieran generar situaciones de desestabilización política, parálisis de leyes que fortalezcan el poder popular y permitan la construcción de una economía de carácter social, contraria a las leyes del mercado. No hay que olvidar que en la Asamblea Nacional se eligen también a los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, a los rectores del Consejo Nacional de Elecciones y del Poder Ciudadano (Fiscal, Contralor, Defensor del Pueblo).
 
— “Está bien que la oposición participe en la Asamblea Nacional, porque ése era su lugar natural. Lo que pasó es que se retiraron en 2005, horas antes de abrirse el proceso electoral, para tratar de deslegitimarlo y además con la esperanza de que los marines estadounidenses les hicieran el trabajo sucio de sustituir al presidente Chávez”, dijo el embajador ante la OEA y electo diputado al Parlamento Latinoamericano, Roy Chaderton, quien recordó que ahora la oposición logró 20 diputados menos que en 2000. “Ojalá que cese en la locura permanente en que viven y vengan a participar del juego democrático”, dijo también Chaderton.
 
— María Corina Machado, participante del golpe de Estado del año 2002, amiga de George Bush, una de las figuras emblemáticas de la oposición y precandidata presidencial, señaló: “Todo está muy claro. Venezuela le dijo no al comunismo a la cubana. Venezuela le dijo sí a un camino de construcción democrática y nosotros ahora tenemos la legitimidad de los votos de la ciudadanía; somos los representantes del pueblo”.
 
— El director de la encuestadora Datanálisis, Luis Vicente León, destacó que la oposición tiene una oportunidad de oro para consolidarse: “Tenía mucho tiempo sin poder presentar triunfos que oxigenen a sus seguidores, que les muestren que Chávez es derrotable. El reto ahora es pasar de la articulación electoral a la verdadera articulación política. La Mesa de la Unidad Democrática (MUD) es por ahora un grupo organizado para unos comicios, pero sin una propuesta común de país”. Axel Carriles, siquiatra, uno de los conductores ideológicos de la oposición, financiado por la National Endowment for Democracy, expresó: “Lo importante es haber alcanzado un espacio de poder institucional”.
 
— En el Palacio de Miraflores, y también en los barrios, dicen que la bronca es grande. Hace tres años, cuando el proyecto bolivariano fracasó en el referendo constitucional, se habló de las necesarias 3 R (Revisión, Rectificación y Reimpulso) como pasos inmediatos e imprescindibles para continuar con los cambios revolucionarios. Pero eso no pasó de los reclamos.
 
— La bronca es grande porque esos millones de ciudadanos que pasaron de ser objeto a ser sujetos de política, demandan ahora una mayor participación, que los incluya en el diseño de los planes. Hoy la demanda es profundizar la democracia, limpiar la corrupción, la ineficacia y la ineficiencia en la administración pública, terminar con la inseguridad y detener la inflación.
 
— A la masa chavista no le basta quedarse con el discurso de que es la acción de la derecha nacional y los apoyos de gobiernos y ONG extranjeras (Estados Unidos, España y Holanda principalmente) quienes impiden los avances. Sin duda, en los resultados electorales se ha producido un pase de factura a la ineficiencia, ineficacia y corrupción de la administración, a la pérdida de calidad de vida y a la falta de una cultura socialista que moldee al hombre y a la mujer nuevos. La realidad muestra que ese 80% de la población, que ha sido ampliamente beneficiada por las medidas sociales del gobierno bolivariano, no constituye un conglomerado sólido de apoyo a la Revolución Bolivariana.
 
— Dice el periodista Martín Guédez que a la Revolución Socialista hay que garantizarla hasta colocarla a salvo de los sustos propios del juego electoral burgués. Por su parte, su colega Marcelo Colussi señala que o se construye el socialismo o se continúa con un capitalismo de rostro humano, pero no es posible las dos cosas al mismo tiempo, ese producto híbrido. Colussi plantea otra interrogante: ¿Es posible construir el socialismo amparándose en la figura omnipresente del Presidente o eso es un límite insalvable? La construcción del socialismo no puede ser apenas una marea roja-rojita de camisetas, llena de consignas, ni la tarea de un aparato, ni una maquinaria partidista. El PSUV no puede ser a la vez partido y gobierno y mantener en la nebulosa la diferenciación entre Estado, gobierno y partido.
 
— Otros se preguntan dónde está la causa de esta merma sostenida en la votación bolivariana. Y se responden que, sin dudas, la causa generadora de la tendencia negativa reside en la ideología pequeñoburguesa que hegemoniza el proceso desde el triunfo sobre el golpe de Estado de abril, que propone una mezcla de capitalismo con socialismo, que en lo económico mantiene la fragmentación capitalista y en lo social dispersa las unidades organizativas.
 
— Para el escritor y político Antonio Aponte, se deben tomar algunas medidas: preservar el liderazgo de Chávez, no desencadenar una cacería de brujas porque eso impediría recomponer el rumbo y reduciría las deficiencias a un simple mal comportamiento personal, y realizar una rectificación profunda del rumbo, revirtiendo la tendencia de desgaste, lo que es posible ahora por el alto grado de la conexión que mantiene Chávez con el pueblo.
 
— No serían descartables nuevos ajustes en la economía, que inevitablemente significarán pérdida de calidad de vida para las mayorías, lo que sería un problema para asegurar que en las elecciones presidenciales de 2012 vuelva a imponerse Hugo Chávez, más allá de todo su carisma. Por ahora, la oposición no tiene un referente para hacerle frente al líder bolivariano.
 
— Los resultados electorales son expresión de una tendencia que se viene sucediendo desde 2007: los ciudadanos se comportan de manera distinta al estar en juego la figura presidencial. Cuando se trató del referendo revocatorio, de la elección presidencial o de la reciente enmienda que permite la reelección continua, los venezolanos han participado masivamente y la relación de la votación fue de un 6-4 a favor de la opción de Chávez, como lo fue en la primera elección de diciembre de 1998. Pero cuando se trata de elecciones parlamentarias, de gobernadores y alcaldes municipales, la situación cambia y la tendencia es más dispersa.
 
— En las últimas elecciones de gobernadores (2008), en el Distrito Capital y en los estados Zulia, Miranda, Lara, Carabobo, Anzoátegui, Nueva Esparta y Táchira, donde se encuentran las ciudades con mayor población, fueron elegidas autoridades de grupos de oposición. En estas elecciones parlamentarias, el PSUV pudo recuperar la capital, Lara y Carabobo, logrando la mayoría de los cargos en disputa. En otros casos, la tendencia favorable a la oposición se ha repetido y ampliado: por ejemplo en el estado Zulia la oposiciónobtuvo 13 de los 15 diputados posibles. Mientras la oposición tiende a la convergencia, que se concretó en la Mesa de la Unidad Democrática como movimiento electoral, a medida que pasa el tiempo, los grupos de la coalición “revolucionaria” se irán dispersando.
 
— Pareciera lógico que la oposición quiera modificar las más de 150 leyes sancionadas entre 2001 y 2006 por una Asamblea monolítica, que reformuló la regulación del poder regional, restando presupuesto y competencias a gobernaciones y alcaldías para traspasarlos a organizaciones comunitarias.
 
— Aunque muchos piensan que el plan A de la oposición sigue siendo la desestabilización y el golpismo, la participación electoral parte de la comprensión de que el golpe cívico-militar no está al alcance de su mano. Al alcanzar un tercio de curules en la Asamblea Nacional, el sueño de algunos dirigentes opositores es instalar desde allí una situación desestabilizadora similar a la que padeció el presidente de Honduras Manuel Zelaya en junio de 2009. Aunque ambas realidades son diferentes, el temor es que si esta situación se planteara, no tardaría en llegar, bajo cualquier excusa o sin ninguna, la visita de los marines, una invasión militar de EE.UU.
 
— Sin duda, un debilitamiento del chavismo, unido a la caída del precio del petróleo, obstaculizaría los planes integracionistas a escala latinoamericana, como el Banco del Sur o los oleoductos, gaseoductos y negocios bilaterales. También la construcción del sucre como moneda única de intercambio, el apoyo a los pequeños países caribeños y centroamericanos de la ALBA y a Cuba y el papel de Caracas en la construcción de la UNASUR.
 
— Lo que se juega hoy en Venezuela es la necesidad de más democracia. Eso significa una movilización y participación decisiva de las grandes mayorías, convertidas en actores sociales, pero lejos aún de una participación protagónica en los destinos del país. Ahora, el desafío es construir el socialismo desde ese abajo que se mueve. Desde arriba lo único que se construye es un pozo.
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Aram Aharonian. Periodista y docente uruguayo-venezolano, fundador de Telesur, director del Observatorio Latinomeircano en Comunicación y Democracia (ULAC). Artículo publicado en revista Envío, www.envio.org.ni

 
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