Regla de Oro, la moralidad es conditio sine qua non para la estabilidad financiera
John J. Diiulio Jr.

New York / Economía – Por lo general los bancos de inversión apuestan a ambos lados de una transacción, apostando a la “larga” (a que la inversión dará frutos), mientras simultáneamente, apuestan al “corto” plazo (a que la inversión rendirá poco).

El manejo hábil de riesgos no falta ni a la ley ni a la ética. En 2007, mientras otros grandes bancos perdieron grandes cantidades en hipotecas, Goldman Sachs tuvieron ganancias. ¿Cómo? Básicamente apostando fuertemente a que el mercado inmobiliario tendría resultados más negativos que positivos. Por una sola de estas operaciones Goldman recibió cerca de $400 millones.

Hoy día, muchos instrumentos de inversión tienen una técnica demasiado compleja para que la gente común y corriente los entienda. Por ejemplo, en su forma llamada “no sintética: una obligación de deuda (CDO en inglés) garantizada combina bonos y otros activos en diferentes tipos de deudas (conocidas en el oficio como paquetes) y riesgos crediticios. Los administradores profesionales de inversión intercambian las CDO como hacíamos cuando chicos con las láminas de nuestro álbum favorito. No hay nada intrínsecamente sucio en estos tratos financieros de alto nivel.

Pero a mediados de abril, la Securities and Exchange Commission interpuso una queja por fraude contra Goldman. En sesiones del Senado gatilladas por la queja, los miembros del subcomité de investigaciones acusaron a los ejecutivos de Goldman de haber fallado en su obligación de informar que los fondos estaban cortos respecto a los CDOs.

En un correo electrónico enviado en 2007 y que ahora es de público conocimiento, un alto ejecutivo de Goldman bromeaba acerca de captara incautos “viudas y huérfanos” para hacer inversiones en el mercado inmobiliario que estaba colapsando, y citó a otro alto ejecutivo de la firma que habría fanfarroneado acerca que “¡¡¡los pobrecitos deudores de alto riesgo no van a durar mucho!!!”

No es ninguna novedad que Wall Street sea el hogar de individuos muy inteligentes pero carentes de ética que son supremamente codiciosos y a los más necesitados les importa un bledo.

Lo que sí es novedad, sin embargo, es que ya sea que hayan cometido crímenes o no, los ejecutivos de Goldman que la semana pasada testificaron en el Senado, incluyendo los dos jóvenes cuyos dichos son citados en el correo electrónico mencionado parecían sinceramente y por lo tanto inquietantemente indiferentes al valor de la Regla de Oro.

“Así que en todo traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes. De hecho, esto es la ley y los profetas”. Esta enseñanza de Jesús de “tratar a los demás” (Mt. 7:12) se enseña en prácticamente todas las grandes religiones y es parte del discurso moral de todos los días. ¿Qué padre no ha advertido a un hijo sobre si le gustaría que alguien te tratase de esa manera? ¿Qué entrenador no ha exhortado a su equipo a jugar duro pero respetando el fair play?

Sin embargo los únicos “errores” que estos testigos admitieron fueron analíticos y no éticos. Incluso teniendo en cuenta que habían sido preparados por sus abogados, parecía que auténticamente no tenían límites éticos para comprender por qué inducir a la gente a invertir en algo que se sabía que fallaría, tratando el doble juego como si fuera una estrategia de marca registrada o un secreto industrial, y beneficiarse del negocio haciendo mofa de los inocentes que perdieron todo (casas, trabajos, ahorros de toda la vida) podía ser inmoral.

En la encíclica Quadragesimo Anno (1931) publicada durante la Gran Depresión, el Papa Pío XI observó: “Las instituciones jurídicas destinadas a favorecer la colaboración de capitales, repartiendo o limitando los riesgos, han dado pie a las más condenables licencias”.

Esas palabras son incluso más impactantes hoy de lo que fueron en su oportunidad. Ya que en nuestra rápida, altamente tecnificada economía global, la moralidad de la Regla de Oro es conditio sine qua non para tener estabilidad financiera. Para que todo funcione bien, los mercados libres transnacionales del siglo 21 deben ser vistos con confianza por todos como mercados justos, en los cuales la inversión acarrea un riesgo pero que no puede amañar fácilmente contra alguien o contra un grupo. Washington necesita promulgar normativas de gran alcance que regulen a los agentes y entes financieros y que imponga castigos criminales a cualquier doble juego deshonesto.

En su conocido programa de radio “Breakpoint”, mi amigo Charles W. Colson, un líder evangélico y conservador libre-mercadista, llamó recientemente a crear nuevas regulaciones federales para las instituciones financieras. Los obispos católicos debieran cerrar filas junto a Colson y a otros líderes religiosos en este tema.

El capitalismo estadounidense no puede sobrevivir a una actividad económica donde no exista la Regla de Oro. Si no es por costumbre moral, entonces por coerción legal. La norma de conducta “trata a los demás” se debe cumplir no sólo en Main Street, sino que también en Wall Street.
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John J. Diiulio Jr. es el autor de Godly Republic: A Centrist Blueprint for America’s Faith Based Future (Univ. of California Press, 2007). Publicado en revista America, www.americamagazine.org

 


 
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