Los obispos deben colaborar con las autoridades públicas mediante el cumplimiento de las leyes civiles denunciando los supuestos abusos sexuales contra menores y cooperando con su investigación.
Blase Cupich

New York / Religión – Los obispos católicos de los Estados Unidos han aprendido muchas lecciones de la crisis de los abusos sexuales. Las siguientes 12 están entre las más importantes.

1. El daño a las víctimas es mucho más profundo de lo que los demás pueden imaginar. EL abuso sexual de menores es aplastante precisamente porque se produce en una etapa de sus vidas en que son vulnerables, tiernos y entusiastas, esperanzados del futuro y deseosos de amistades basadas en la confianza y la lealtad.

2. A pesar del justificado enojo de las víctimas hacia la Iglesia, los obispos deben seguir dirigiéndose a ellos como pastores. Los encuentros con las víctimas pueden constituir desafíos para todos los involucrados, pero también puede ser una instancia de gracia y entendimiento.

3. Las causas detrás del abuso sexual por parte de los clérigos son complejas y el demasiado simplista reducirlas a respuestas fáciles. Muchos factores se han esgrimido para “explicar” esta mala conducta de parte de los religiosos, pero la verdad es que el abuso sexual de menores se da en muchas circunstancias muy diversas, cometidos por miembros de la misma familia, dirigentes de organizaciones juveniles, doctores, profesores y otros. Las “respuestas fáciles” subestiman la amplitud de este problema en nuestra sociedad.

4. Los católicos se han sentido ofendidos por las fallas morales de algunos sacerdotes, pero se han sentido más ofendidos y enojados aun por la incapacidad de algunos obispos de poner el interés de los niños en primer lugar. La gente espera que sus líderes religiosos sean directos y oportunos en adoptar una postura firme frente al mal, como el daño que el abuso sexual ha causado a niños y jóvenes, por sobre cualquier otra consideración.

5. El consejo de los laicos, en especial de los padres, es indispensable en un asunto que afecta tan profundamente los afectos familiares. Nuestra capacidad para responder al abuso sexual de los jóvenes ha sido reforzada por la información que los propios padres han compartido con nosotros sobre cómo hacerlo de manera efectiva.

6. Nuestros sacerdotes tienen una resiliencia que las futuras generaciones van a observar con admiración. Han seguido comprometidos con su vocación a diario, a pesar que han sufrido con la acciones de aquellos que han mancillado el sacerdocio que ellos aman. Su fortaleza ha construido una reserva de buena voluntad hacia nuestra gente y es un importante factor que explica por qué durante esta crisis tan grave la mayoría de los católicos en nuestro país siguen fieles a la Iglesia.

7. La Iglesia necesita mantener los esfuerzos que se han desarrollado para conservar el entorno seguro a que está obligada. La experiencia demuestra que si los criterios son voluntarios, las instituciones no son tan eficientes en la protección de los niños. Cualquier desliz en este aspecto pone en peligro en primer lugar a los niños, y también la credibilidad ganada a través de los esfuerzos para erradicar los efectos de este flagelo. Las parroquias tienen que ser los lugares más seguros para los niños.

8. Los obispos deben ser mutuamente responsables en sus esfuerzos por proteger a los niños y debe estar dispuestos a participar en auditorías transparentes e independientes para demostrar que han cumplido los compromisos asumidos. Lo que sucede en un lugar nos sucede a todos.

9. Los obispos deben resistir la actitud defensiva en que las instituciones a menudo caen en momentos de crisis. Recurrir a teorías conspiratorias para explicar las críticas y adoptar un enfoque de defensivo sólo prolonga un problema y no hace nada por solucionarlo o curar a las víctimas.

10. El auto-engaño es una parte inherente de la enfermedad que sufren los abusadores e incluye la tendencia a desestimar la gravedad de sus conductas y los efectos de éstas en los individuos abusados y a la larga en la Iglesia. Muchos de ellos incluso se las arreglan para convencerse que sentían verdadero afecto por los niños a los que dañaron. Las declaraciones hechas por los perpetradores en el pasado sobre su arrepentimiento y de que no volverían a hacerlo nunca más serán tomadas en serio.

11. La fe de nuestro pueblo es fuerte y los sostiene incluso en tiempos difíciles. Recibimos de ellos un grado de apoyo emocional y espiritual que nos emociona. Su fe en Dios no solo los sostiene a ellos, sino que a nosotros también.

12. Los obispos deben colaborar con las autoridades públicas mediante el cumplimiento de las leyes civiles denunciando los supuestos abusos sexuales contra menores y cooperando con su investigación. Todos los líderes de las comunidades, ya sean religiosos o laicos deben trabajar de manera conjunta para proteger a los niños y los jóvenes.

“The Charter for the Protection of Children and Young People” (“Carta para la Protección de Niños y Jóvenes”) que los obispos adoptamos en 2002 y que hemos renovado dos veces desde entonces nos entrega las directrices para el manejo del abuso sexual de niños cometido por sacerdotes. Está disponible en el sitio web de la U.S.C.C.B http://www.usccb.org/ocyp/charter.shtml
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Blase Cupich. Publicado en revista America, www.americamagazine.org
 


 
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