Esperamos que la urgencia de la seguridad se ponga por sobre las conveniencias para generar el apoyo bipartidario que proteja la vida y detenga el peligro nuclear.
David Cortright

Indiana / Política – La retórica de “un mundo sin armas nucleares” está a punto de enfrentar la realidad política. La Conferencia de Revisión del Tratado de No Proliferación Nuclear se reunirá en mayo en Naciones Unidas. Durante el transcurso del año Obama espera empezar el proceso para que el Senado de los EE.UU. ratifique los tratados que reducen los arsenales estratégicos y prohíben las pruebas nucleares. El resultado de estos procesos políticos orientará la política nuclear por muchos años y determinará si el objetivo de la abolición nuclear es una mera aspiración o si se transforma en un objetivo de política pública.

En años recientes el desarme ha ganado apoyo político, incentivado por la preocupación mundial sobre los peligros de la proliferación nuclear como también de un ataque nuclear terrorista. La urgente necesidad de abordar este mortal nexo ha fomentado crecientes llamados hacia el desarme. El Presidente Obama articuló esta nueva toma de conciencia en su histórico llamado en Praga en abril de 2009, en el cual comprometió el liderazgo estadounidense con los esfuerzos concertados para reducir y eliminar las armas nucleares. Este compromiso se discutió en la sesión especial del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que tuvo lugar en septiembre, con la asistencia de jefes de estado y presidido por al Presidente, y que reforzó los programas globales de no proliferación y donde se comprometió crear las condiciones para un mundo sin armas nucleares.

A la cabeza de la abolición nuclear están George Shultz y Henry Kissinger, dos ex secretarios de estado de los EE.UU.; William Perry, ex ministro de defensa; y Sam Nunn, ex senador. Estos “cuatro jinetes” —atípicos— por el desarme han apoyado la visión de un futuro sin armas nucleares y han identificado cuatro etapas concretas para acercarse a ese objetivo tan elevado. Estos pasos incluyen el fortalecimiento de los esfuerzos globales de no proliferación, la negociación de un nuevo tratado con Rusia para avanzar en mayores rebajas del arsenal nuclear y hacer que el Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares entre en vigencia. La iniciativa Shultz en los Estados Unidos está acompañada por esfuerzos similares llevados a cabo por grupos de alto nivel de ex oficiales del Reino Unido, Rusia, Alemania, Francia, Noruega, Polonia, Japón, Australia y otros países. Copiando el modelo Shultz, muchas de las iniciativas nacionales tienen carácter no-partidista y cruzan el espectro político; en los Estados Unidos los demócratas se unen a los republicanos; en Europa y otras latitudes, los conservadores, liberales y social-demócratas dialogan juntos.

En el fondo del asunto, el compromiso con el desarme nuclear es un tema moral. Es una respuesta ética a la amenaza que estas armas representan para la vida humana. Edwin O’Brien, Arzobispo de Baltimore, declaró recientemente en la conferencia Global Zero que tuvo lugar en París que la enseñanza moral de la Iglesia Católica está “profundamente escéptica” respecto de la disuasión nuclear e inequívocamente en contra de cualquier uso de armas de destrucción masiva. La oposición de la Iglesia “proviene de un compromiso profundo y permanente con la protección de la vida que está basado en las enseñanzas de Jesús”, dijo O’Brien. Recordó a su audiencia del juicio en la “Iglesia del Mundo Moderno”, adoptado en el Concilio Vaticano II, que declara que la carrera nuclear es “una trampa completamente traicionera para la humanidad” y que el desarme mutuo y verificable es un paso indispensable para la paz verdadera.

FORTALECIENDO EL TRATADO

El Tratado de No Proliferación ha soportado grandes desafíos a través del tiempo y sigue siendo un pilar esencial para la seguridad internacional. El tratado ha impedido la proliferación sin restricciones que tanto se temió en las décadas de los ’60 y ’70, cuando era común predecir que para el año 2000 ya habrían dos docenas de países en posesión de armas nucleares. Sólo cuatro países han adquirido armas nucleares desde que el tratado entró en vigor en 1970, mientras más de dos docenas han abandonado sus programas de desarrollo de armas nucleares.

El tratado comprende un gran acuerdo mediante el cual los cinco estados oficialmente reconocidos como estados en posesión de armas nucleares (EE.UU., el Reino Unido, Francia, Rusia y China) acuerdan “proseguir las negociaciones para el desarme con buena fe”, mientras los otros estados (184 países) renuncian a la opción nuclear. Tres estados —India, Paquistán e Israel— no adhirieron al tratado, y uno —Corea del Norte— se retiró. El tratado también garantiza “el derecho inalienable de todas las partes del tratado para desarrollar, producir e usar la energía nuclear para propósitos pacíficos, sin discriminación”.

Existen tensiones inherentes en estas disposiciones. La garantía del derecho a desarrollar la energía nuclear aumenta el riesgo de la proliferación. Las tecnologías, materiales y conocimientos científicos requeridos para desarrollar energía nuclear civil también pueden usarse para desarrollar armas nucleares. La proliferación de la tecnología nuclear complica el desafío de mantener la separación entre los usos pacíficos y militares del átomo. El tratado no prohíbe el enriquecimiento de uranio o el reprocesamiento del plutonio mientras se haga de acuerdo con las salvaguardas de la Agencia Internacional de Energía Atómica. Todo esto hace que la frontera entre usos civiles y militares sea el eje central del régimen de inspección. También crea dificultades técnicas e incertidumbres políticas en relación a la naturaleza de un programa nuclear cuestionado, como el caso de Irán. Debe destacarse que la reivindicación de un derecho “inalienable” es exactamente el lenguaje que se escucha en demostraciones pro-gubernamentales organizadas por Teherán para protestar contra los intentos foráneos para reducir su programa nuclear.

Los países no-nucleares han instado a obtener más avances de parte de los países que tienen armas nucleares en el proceso de desarme. Esta petición se hizo ya desde la primera conferencia de revisión del Tratado de No Proliferación que tuvo lugar en Ginebra en 1975 y ha sido importante en cada una de las conferencias desde entonces. Coaliciones de países no-alineados, dirigidos por Irlanda, Suecia y otros países han criticado los cinco países nucleares por no cumplir con sus compromisos. Los personeros estadounidenses responden apuntando a las grandes reducciones de stocks nucleares que han logrado desde el fin de la Guerra Fría. No obstante, muchos países no-nucleares no están satisfechos. Quieren terminar con la discriminación nuclear y progreso más rápido hacia el desarme.

Después de la conferencia de revisión del Tratado, en 2000, los países nucleares se comprometieron a “tomar medidas inequívocas” para “lograr la completa eliminación de los arsenales nucleares”. También acordaron tomar 13 “medidas prácticas” para “cumplir con la eliminación total de los arsenales nucleares”. Pero se han implementado pocos de ellos. El incumplimiento que se ha observado respecto a los compromisos de desarme causa resentimiento por el doble estándar y hace más difícil lograr acuerdos globales sobre los pasos que se necesitan con urgencia para detener los peligros de la proliferación. La lograr esto último, es necesario hacer progresos en lo primero.

DEBATIENDO SOBRE EL DESARME

Los temas del desarme pueden llegar pronto al Senado de los EE.UU. Rusia y los Estados Unidos han negociado los términos de un nuevo tratado para reducir sus arsenales nucleares. Las reducciones propuestas son moderadas, pero son importantes en ayudar a restablecer el impulso para la reducción nuclear de las dos potencias nucleares más grandes, que entre ellos poseen más del 90%de las 23.000 armas nucleares que hay en el mundo. El nuevo tratado también refuerza el monitoreo y los protocolos de verificación cruciales para preservar la confianza en el proceso de reducción de armas. La ratificación del tratado en el Senado requerirá el apoyo de 67 senadores, dos tercios de los votos. La aprobación del Senado no sólo aseguraría futuro progreso en las reducciones nucleares sino que también ayudaría a mejorar las relaciones políticas entre EE.:UU. y Rusia, que en años se recientes han visto algo hoscas. Los EE.UU. y Rusia tienen muchas diferencias políticas en variados ámbitos, pero comparten un interés común en promover el desarme e impedir la proliferación nuclear. La ratificación del tratado hará progresar esta agenda común de control de armas y promoverá la cooperación en otros temas de seguridad.

A continuación del Tratado de Reducción Estratégica, al Senado quizás se le solicite ratificar el Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares. Este será un debate contencioso más difícil. La prohibición legal de realizar ensayos nucleares significaría un gran avance en los objetivos de no proliferación y desarme, pero en el tratado de prohibición de ensayos se ha visto entrampado en las vicisitudes de la política doméstica. En 1999, un Senado de mayoría republicana rechazó el tratado por 51 votos contra 48. El que los senadores sean capaces de ponerse por sobre los intereses partidarios para aprobar el tratado en los próximos años es aún una incógnita.

Los Estados Unidos y Rusia han mantenido una moratoria voluntaria sobre explosiones nucleares desde comienzos de los ’90, y ninguno de los dos países tiene planes de llevar a cabo ensayos en el futuro. Personeros de seguridad de ambos países apoyan el tratado de prohibición de ensayos porque ayuda a impedir la proliferación de la capacidad de las armas nucleares. Sin la posibilidad de llevar a cabo los ensayos, los países que quieran construir armas nucleares no pueden estar seguros de la confiabilidad y efectividad de sus armas. Sin un programa de ensayos, los poderes que aspiran a ser nucleares no podrán mejorar y minimizar el diseño de las ojivas para desplegarlos en misiles balísticos y crear posibles sistemas de ojivas múltiples. Estas son protecciones importantes que ayudarían a impedir la creación de nuevas amenazas de armas nucleares.

VERIFICANDO LA PROHIBICIÓN DE ENSAYOS GLOBAL

Los críticos cuestionan si una prohibición global puede ser verificada, pero en años recientes los sistemas de monitoreo y las tecnologías de detección han alcanzado avanzados estados de confiabilidad, en parte por los continuos esfuerzos de la Organización del Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares, que se estableció en 1997. La organización tiene un Sistema de Monitoreo Internacional de más de 300 estaciones de monitoreo y detección sísmica en todo el mundo. Los Estados Unidos y otros países miembros también pueden monitorear el cumplimiento del tratado con sus propios altamente sofisticados satélites y otros medios de inteligencia. Miles de estaciones sísmicas civiles de alta calidad desplegadas en todo el mundo aportan capacidad de detección adicional.

Esta extensa red internacional de detección probó su utilidad cuando Corea del Norte llevó a cabo la primera prueba de sus armas nucleares en octubre de 20063. La red global de sensores detectó con facilidad la explosión relativamente pequeña (0,6 kilotones) de Pyongyang. (La mayoría de las pruebas nucleares son considerablemente más potentes). La explosión fue rápidamente detectada e identificada por señales registradas en 31 estaciones sísmicas en Asia, Australia, Europa y América del Norte, incluyendo 22 estaciones de monitoreo internacionales. No existe una explosión nuclear de importancia militar que escape a este sistema de detección global.

La ratificación de Estados Unidos del Tratado de Prohibición Total de Ensayos sería importante per se y también podría servir de catalizador para la ratificación por otros países. Si Estados Unidos toma esta acción, China podría seguirlo, lo que presionaría más a la India para seguir ese camino. Pakistán haría lo propio. La ratificación por parte de Estados Unidos podría persuadir a Israel, lo que le facilitaría el camino para que Egipto también se una. Todo esto, de suceder, sería un gran impulso para el régimen del Tratado de No Proliferación. Establecería un modelo de aprobación recíproco internacional que podría aplicarse a tratados futuros, incluyendo la prohibición de producir material fisionable que sirva para producir armas y una eventual prohibición a la producción y tenencia de armas nucleares.

La prohibición de realizar ensayos tiene gran apoyo político entre los estadounidenses. Las encuestas de opinión han mostrado que el apoyo es mayoritario entre republicanos como también entre demócratas. La Conferencia Estadounidense de Obispos Católicos y el Vaticano han apoyado el tratado al considerarlo parte de una ética de vida. Muchos otros grupos religiosos, grupos científicos y asociaciones de profesionales también han expresado su apoyo a la ratificación del tratado. Está por verse si este apoyo público será suficiente para sobreponerse al espíritu de rencor partidista de Washington. Mucho dependerá del grado de compromiso de los ciudadanos, incluyendo a los líderes religiosos, para presionar por un liderazgo iluminado en una materia que es vital para la seguridad nacional e internacional. Esperamos que la urgencia de la seguridad se ponga por sobre las conveniencias para generar el apoyo bipartidario que proteja la vida y detenga el peligro nuclear.
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David Cortright. Director de estudios de políticas del Kroc Institute for International Peace Studies de la University of Notre Dame, Indiana. Publicado en revista America, www.americamagazine.org
 


 
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