He oído sus gritos de dolor, conozco muy bien sus sufrimientos, dice el Señor. Éxodo 3:8.
Nathan Stone, S.J.

Antofagasta, Chile / Religión – Ante el interrogante del ¿por qué?, es frecuente escuchar especulaciones sobre la ira del Todopoderoso, provocada por tal suceso humano, que ha ocasionado uno de los terremotos más fuertes de la historia. Se trata de un rostro desfigurado, un dios distorsionado.

La auténtica zarza ardiente tiene su finura. El Dios de Abraham, Isaac y Jacob no actúa de golpe, sino con sutileza. El Cristo del evangelio no coloniza la tierra, sino invita al Reino. O acaso ¿creen ustedes que aquellos que sufrieron todo eso eran más pecadores que los demás?

La hermana muerte a todos llega, callada o fuerte, pero segura. Nacimos del polvo, y al polvo volveremos. Nadie sabe el día ni la hora. Dios no promete inmortalidad, aunque no falte quienes viven indignados porque no les tocó ser inmortales. Lo que Dios promete es resurrección.

Por mi parte, quedé maravillado de cómo el mundo sigue girando, día y noche, año tras año. Me causa asombro cómo se mantienen las precarias condiciones de vida en el planeta. Lo lógico sería, en este universo expansivo y caótico, que se moviera el piso así constantemente. Pero el sismo duró solamente noventa segundos. La viga sobre mi cabeza no se cayó, por ahora.

Los terremotos son producto de placas subterráneas que acumulan tensión sobre el tiempo, y espontáneamente se reajustan. Es un tema de física, no de ética.

El Padre de Jesús acompaña en el dolor. Él transforma la tragedia en gracia, la muerte en resurrección, la destrucción en motivo de solidaridad. Los medios de comunicación desvían la mirada, a veces. Se han cometido errores, y algunos se escandalizan. Sin embargo, tengo certeza de que los actos heroicos de solidaridad y sacrificio han sido los más frecuentes y significantes. Los gestos de amor desbordan los deslices de vandalismo, al cien por uno.

Padre Hurtado pregunta, en su libro famoso, si Chile es un país católico. Quienes lo han leído, se sorprenden de que no es sobre la asistencia a misa, la inscripción en los registros parroquiales, ni la recepción de los sacramentos. Es sobre la capacidad de responder con la urgencia del evangelio ante el sufrimiento del hermano necesitado. Es una pregunta por la compasión concreta ante quienes son, por el bautismo, hermanos y hermanas nuestros.

Chile es un país católico en la medida que es, también, un país solidario. La justicia divina es la prosperidad de todos. El plan de Dios es el bien común. Si interviene Dios en la historia, no es para que se mueva la tierra. Si actúa el Señor en la vida, no es para que salga el mar de su lecho. Si el Dios de nuestros padres está moviendo los hilos, es para inspirar al ser humano, para que trate al extraño como si fuera familia. Obra en la vida humana cuando nos consolamos, los unos a los otros, cuando nos acompañamos en la alegría y el dolor, cuando compartimos el pan, el techo y el abrigo con quienes han perdido todo. Cuando el hombre se mueve para rescatar la dignidad de su hermano, ahí está el Señor. Dios interviene en la historia cuando te llama a participar en la resurrección de su pueblo.
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Nathan Stone, S.J. Sacerdote jesuita, magíster en literatura y teólogo.
 


 
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