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Existen poderosas razones de índole social para promover un canal de televisión infantil con programación que busque la estimulación auditiva y visual de niños menores de dos años de edad.
Valerio Fuenzalida
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Santiago /
Sociedad – La adopción de la tecnología digital para televisión ofrece la posibilidad de aumentar la cantidad de canales televisivos disponibles en la señal abierta, es decir, posibilita más señales que se pueden captar sin necesidad de suscripción al cable o al satélite. En esta situación de mayor abundancia, es muy deseable que el Ministerio de Educación disponga de un canal infantil que pueda ser programado segmentadamente hacia un destinatario institucional constituido, entre otros, por salas cunas y jardines infantiles. Me refiero a los programas televisivos y estaciones que se han llamado “Baby TV”.
Estos han aparecido en el presente siglo XXI. El Baby TV Channel fue creado en Israel el año 2003 en una sociedad entre Fox y otros participantes (www.babytvchannel.com). Baby First TV Channel fue creado en Estados Unidos en el año 2006 (www.babyfirsttv.com). La señal de cable Foxlife transmite por las mañanas de los sábados y domingos algunos programas del canal israelí. DirectTV ofrece vía satélite la señal de Baby First TV. Ambos son canales libres de publicidad comercial. Estos canales segmentados se dirigen a bebés de hasta dos años de edad y se diferencian de otros dirigidos a niños entre dos y seis años o más, los cuales fueron creados por lo general en la década de los ’90.
LIMITACIONES DE LA BABY TV
Ninguna programación o programa de TV tiene la capacidad de sustituir la irreemplazable triple estimulación familiar hacia los bebés menores de dos años: auditiva, visual y táctil cinética.
En efecto, el cerebro del bebé y la capacidad perceptual tienen, al momento del nacimiento, un grado importante de inmadurez: el sentido de la vista requiere una estimulación procedente del entorno para madurar. Si bien la audición está altamente desarrollada —ya que el bebé escucha las voces en el vientre materno—, la adquisición del lenguaje oral requiere de interacción verbal y gestual: el bebé desarrolla el lenguaje cuando es interpelado con palabras que percibe gestualmente dirigidas a él; un ambiente controlado con voces, sonidos y música estimula cultural-auditivamente. El sano desarrollo emocional del bebé requiere de la interacción afectivo-gestual-verbal con sus padres y hermanos. La inmadurez y la plasticidad neuronal del cerebro del niño requieren, pues, relación con otras personas y cercanía de la familia en primer lugar, para lograr su desarrollo y madurez armoniosa. La TV y ningún otro medio de comunicación pueden sustituir esto.
Pero es justamente la insustituible interacción familiar lo que condujo al Consejo Superior del Centro Audiovisual de Francia (CSA) a prohibir el año 2008 a los canales nacionales que emitieran programas para menores de tres años (www.cntv.cl). La medida del CSA obedecía al razonable temor a que se descarte totalmente la estimulación familiar a los bebés, confiando más bien en la eficacia de una permanente “compañía televisiva”; se teme que una sobreexposición a la televisión pudiera provocar una sobreestimulación televisiva. Hay temor incluso a una estimulación hipertrofiada que generaría desarrollos cerebrales monstruosamente desbalanceados. En Australia, el Gobierno también ha puesto en discusión (octubre 2009) el visionado infantil de TV, ya que su uso desmedido y sin mediación parental como “niñera electrónica” incrementaría la obesidad y las carencias en la adquisición de vocabulario. Pero hay que recordar que, antes de la introducción de la TV, padres y maestros tenían preocupaciones semejantes con niños que eran grandes lectores o voraces consumidores de cine.
En marzo del año 2009, se publicó un informe del Center on Media and Child Research, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard (www.cmch.tv), en donde en mediciones de corto plazo no se registraron influencias positivas ni negativas en la exposición de niños menores de tres años a programas de TV.
Hay, pues, discrepancias importantes acerca de las influencias benéficas o negativas del visionado de televisión en el desarrollo infantil. Hay acuerdo en que el consumo ilimitado en tiempo es claramente no recomendable, que este medio no debe ser usado como background de compañía audiovisual y que el consumo debe ser mediado por el entorno familiar/escolar.
Desde un punto de vista práctico, la drástica medida del CSA en Francia probablemente va a incrementar el visionado de las cadenas extranjeras en cable, que no tienen prohibición de emitir esos programas. Otro posible resultado práctico de la medida será el incremento de la observación de programas para niños mayores. Así, los niños supuestamente “protegidos” por la censura probablemente terminarán viendo programas diseñados para niños mayores y expuestos a una estimulación visual que se consideraba dañina.
EL POTENCIAL DE LA BABY TV
Los canales de Baby TV dirigidos a bebés menores de dos años nacieron como una ayuda a las familias que desean estimular a sus hijos pero que no saben cómo hacerlo o que tienen grandes limitaciones para ello. Hay que insistir en que es una ayuda limitada, pero que puede ser valiosa si está enmarcada, en mi opinión, en tres condiciones: a) diseñada con programas especiales para estimular el desarrollo sensorial del oído y la vista, b) requiere tiempos controlados de exposición, y c) requiere mediación afectiva de adultos. Si bien puede ayudar en la estimulación auditiva y visual, la televisión no posibilita actuar en la relación táctil-corporal entre familia y bebés.
Desde hace algunos años se dispone de información, especialmente generada en estaciones públicas, acerca de las características de los programas útiles en la Baby TV:
— segmentos de duración breve (entre uno y cinco minutos),
— estimulación visual con figuras, movimientos y colores: paisajes diferentes, mar y montañas, nieve y lluvia, hojas de árboles en movimiento, pájaros volando, diversos animales, movimientos y coloridos de peces en acuarios, etc.,
— ritmo lento y calmado,
— estimulación auditiva con música suave y sonidos sin estridencia,
— voces con expresiones cariñosas de mamás y papás (no de locutores y animadores profesionales).
El estímulo televisivo infantil es de doble naturaleza. Por una parte, están los contenidos semánticos diseñados para la pantalla, los cuales muy a menudo ahora son elaborados con cuidadosa asesoría psico-pedagógica. Por otro lado, está la estimulación específica del lenguaje y de la tecnología audiovisual, lo que Marshall McLuhan denominaba “el medio es el mensaje”, es decir, la mera estimulación visual sin comprensión semántica de los contenidos.
Efectivamente, la observación de la televisión puede ser en sí misma un importante estímulo para la maduración sensorial de la vista. Aquí aparece el nivel básico en donde la sola estimulación visual (sin comprensión semántica) con figuras, movimientos y colores es una contribución para el desarrollo perceptual-visual. Pero, a medida que se avanza en la maduración de la capacidad de percepción y en el avance en la comprensión semántica, es necesario enriquecer culturalmente con representaciones visuales que amplíen la pequeñez del entorno visual en que el bebé está inserto.
Un canal infantil digital en señal abierta con horarios determinados para exhibir programas de Baby TV puede ser una ayuda muy importante en salas cunas, en donde se puede cumplir muy bien con las dos condiciones anteriormente mencionadas: tiempos controlados de exposición y mediación de adultos.
Se constituiría, además, en un aporte valioso para hogares que viven con privaciones materiales y culturales. En efecto, es bastante irreal pedir estimulación infantil precoz y un ambiente estimulador a padres analfabetos, o a familias cuya pobreza los lleva a entregar el cuidado de sus hijos a una vecina o a tenerlos en la condición de “guagua de cajón” (1). La pobreza afecta al 34,1% de los hogares latinoamericanos, esto es, a unos ciento ochenta y nueve millones de personas; setenta y seis millones de ellas viven en miseria, subsistiendo con menos de US$ 1,25 diario (2). Programas de Baby TV en canal abierto digital pueden ser una ayuda importante para el futuro de los actuales bebés nacidos en hogares en pobreza. Una programación con Baby TV de buena calidad es mejor que un hogar con carencias y sin capacidad de estimulación a sus bebés.
(1) Tradicional expresión chilena para designar a bebés que son puestos a dormir y descansar en cajones mientras sus padres hacen diversos quehaceres; describe una situación extrema de carencia de estimulación parental.
(2) CEPAL: “Panorama social de América Latina 2009”. Verwww.eclac.org
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Valerio Fuenzalida. Facultad de Comunicaciones, Pontificia Universidad Católica de Chile. http://sites.google.com/site/valeriofuenzalida/. Artículo publicado en revista Mensaje, www.mensaje.cl