El desafío de construir una paz duradera. Lo que no está claro es si Liberia puede lograr “cimentar la en la justicia” sin hacer uso de los procesos judiciales como “instrumentos de paz”.
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  Los juicios de Liberia John Perry  

Canadá / Política – Después de una guerra civil de más de 14 años en la cual murieron más de 300.000 personas y un tercio de las que sobrevivieron se transformaron en refugiados o fueron desplazados, la República de Liberia está tratando de aceptar su doloroso pasado a través de su Comisión de Verdad y Reconciliación. Tomando como modelo un exitoso programa similar sudafricano, estas comisiones han sido creadas en todo el mundo y en la actualidad se están estableciendo en Canadá y Kenya. Una pregunta clave sobre Liberia es si habrá algo más después de la gestión de la comisión y, si es así, qué debiera ser.

La pregunta específica es si acaso un tribunal de crímenes de guerra se establecerá en Liberia misma o bajo los auspicios de la Corte Penal Internacional en La Haya para tratar los casos más graves de violaciones a los derechos humanos revelados por el testimonio de los sobrevivientes en la Comisión de Verdad y Reconciliación. Si no ocurriera nada más y si se otorgara una amnistía, ésta debiera ser parcial, porque los crímenes de guerra más graves y los crímenes de lesa humanidad estarían sujetos a la jurisdicción y jurisprudencia internacionales.

En la primera parte de su informe final, la Comisión de Verdad y Reconciliación declara que durante la guerra civil ocurrieron crímenes internos "representativos", violaciones "flagrantes" a los derechos humanos y violaciones "graves" a la ley humanitaria perpetrados por individuos no identificados. En relación a las diversas milicias y unidades militares involucradas, distingue entre "grupos violadores importantes" y "grupos violadores menos importantes". Entre los últimos individuos que testificaron ante la Comisión estaba el presidente Ellen Johnson Sirleaf, que admitió haber sentido inicialmente simpatía por Charles Taylor y su partido rebelde, el Frente Nacional Patriótico de Liberia, pero luego dijo: "Jamás he apoyado ninguna facción guerrera y ninguna de ellas puede decir que los apoyé".

Los católicos en Liberia, incluyendo sus tres obispos, opinan que después del trabajo de la Comisión debiera haber una amnistía como también un proceso judicial. En 2004 la Conferencia Episcopal de Liberia, en su declaración Liberia en la encrucijada: esperanzas y desafíos, hizo una llamado a que un tribunal de crímenes de guerra se ocupara de la "cultura de impunidad" que está tan "omnipresente en nuestra vida nacional" (Nº 11). Y recientemente, la Conferencia Episcopal ha emitido una aclaración explicando que dan su más completo apoyo a la Comisión de Verdad a la vez que rechazan un tribunal de crímenes de guerra.

Es fácil ver por qué la esperanza de reconciliación resulta atractiva a los obispos y a muchos otros que añoran la unidad nacional después de tantos años de violencia mutuamente destructiva. La Comisión de Verdad ofrece a los liberianos la oportunidad de revisar en detalle su oscura historia entre 1980 cuando un violento golpe de estado liderado por Samuel Doe y un pequeño grupo de soldados derrocó el gobierno electo de William Tolbert, y 2003, cuando el Acuerdo de Paz Integral se firmó en Ghana luego de 14 sucesivos intentos fallidos de la comunidad de África Occidental para terminar con la guerra y estabilizar la región. La gente común y corriente ha escuchado atentamente las emisiones de radio, han visitado el sitio web de la Comisión, han leído en la prensa o han presenciado las sesiones personalmente. Generalmente, las sesiones están abiertas al público. Una característica novedosa en el proceso de reconciliación de Liberia es que la Comisión viajó a Minneapolis, Estados Unidos para recibir el testimonio de ciudadanos de Liberia que habían huido del país y emigrado a los EE.UU.

IMPUNIDAD FLAGRANTE

Mientras la verdad a menudo se expresó de manera vívida, dolorosa y emotiva por las víctimas en las audiencias, ésta fue cuidadosa y parcialmente matizada en los labios de los señores de la guerra que decidieron testificar. Estos expresaron casi nada de remordimiento, menos aún contrición. Tras su cautela merodeaba el espectro de eventuales responsabilidades legales. Todos habían usado a niños-soldados durante la guerra civil y se dice que el juicio contra el señor de la guerra congolés Thomas Lubanga que se lleva a cabo en La Haya los preocupó sobremanera.

Con la notable excepción de los Taylor –padre e hijo; el primero de ellos sometido a juicio desde 2006 en La Haya por el Tribunal Especial para Crímenes de Guerra para Sierra Leone, y el otro, condenado en octubre de 2008 por una corte de Miami a 90 años de cárcel– los señores de la guerra y otros combatientes han dado un nuevo sentido a la palabra "impunidad". No se han retirado a la vida privada sino que ocupan lugares importantes en sus comunidades. Prince Yormie Johnson, el líder de la facción que se separó del Frente Nacional Patriótico de Liberia de Charles Taylor y el presunto asesino de Samuel Doe en 1990, ha sido elegido senador en Liberia. Ha advertido públicamente a los liberianos que habrá problemas si alguien trata de arrestarlo. Alhaji Kromah, del Movimiento Unido de Liberación por la Democracia en Liberia (Ulimo-K), tiene el cargo de profesor en la Universidad de Liberia. Edwin Snowe Jr., yerno de Charles Taylor y anteriormente un importante ministro de su gabinete de "Gran Liberia", fue elegido miembro de la Cámara de Diputados y anteriormente fue el presidente de la Cámara. A los combatientes, especialmente a los otrora niños-soldados les han ofrecido oportunidades educacionales especiales, las mismas que no están disponibles para los demás liberianos, los que sufrieron por sus actos.

No se sabe si el Tribunal Penal Especial para Sierra Leone pudiera ampliarse para incluir Liberia y luego ampliar las acusaciones.

CUANDO LA JUSTICIA AMENAZA LA UNIDAD

El argumento más importante contra la recomendación al gobierno para la formación de un tribunal para crímenes de guerra en la República de Liberia es el temor que esto produzca aún más daño a la unidad nacional. Entre las 16 comunidades étnicas de Liberia, cuatro fueron el blanco de violaciones a los derechos humanos y a su vez perpetradores, como respuesta. Los hermanos y hermanas tribales de Thomas Quiwonkpa, Gio y Mano, quien fue acusado de traición por Samuel Doe, fueron víctimas de retaliación genocida por años, de parte de soldados leales a Doe pertenecientes a las comunidades Krahn y Mandingo. Muchos miembros de las milicias armadas de Charles Taylor pertenecían a las comunidades Gio y Mano; con el tiempo se vengaron de los Krahns y Mandingos. Existe el temor que si los miembros de estas cuatro comunidades fueran acusadas de crímenes de guerra o crímenes de lesa humanidad, se sentirían como injustos chivos expiatorios. Muchos Mandingos, que son musulmanes, ya han manifestado rebeldía porque aún no han podido recuperar sus hogares en el condado Nimba, que abandonaron a manos de los Gios durante la guerra. Las acusaciones por crímenes de guerra podría dejarlos en una situación aun peor.

Las enseñanzas sociales de la iglesia prefieren el enfoque de la "justicia transformativa" de la Comisión de Verdad sin descartar completamente la "justicia retributiva" de la corte de crímenes de guerra. La "Constitución pastoral sobre la iglesia en el mundo actual" del Concilio Vaticano II definió la paz como "una empresa de justicia" y dijo que mientras la iglesia "al tratar de la nobilísima y auténtica noción de la paz, después de condenar la crueldad de la guerra, el Concilio desea hacer un ardiente llamamiento a los cristianos para que con el auxilio de Cristo, autor de la paz, cooperen con todos los hombres a cimentar la paz en la justicia y el amor y a aportar los medios de la paz" (Nº 77). Lo que no está claro es si Liberia puede lograr "cimentar la en la justicia" sin hacer uso de los procesos judiciales como "instrumentos de paz".
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John Perry, S.J., profesor adjunto de estudios religiosos en la Universidad de Manitoba, Canadá; actualmente lleva a cabo una investigación sobre estudios de paz y vive en la Parroquia de la Sagrada Familia en Monrovia, Liberia. Publicado en revista America, www.americamagazine.org


 
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