El Presidente Chávez ha tenido la habilidad de convertirse él mismo en símbolo de su discurso, de sus propuestas, de sus ideas. El es el hombre que lideriza y encarna la revolución, el máximo líder, el hombre que ama al pueblo, el que enfrenta a los enemigos, internos y eternos, el que sufre y padece las dificultades.
José Virtuoso, S.J.

  El discurso político del Presidente Chávez José Virtuoso, S.J.  

Caracas / Política – Si en algo se ha esmerado el Presidente Chávez desde su ascenso al poder hasta ahora ha sido en hablarles a los venezolanos. Sólo en cadenas presidenciales desde 1998 hasta la fecha se contabilizan 1067 horas, 27 minutos y 34 segundos. La práctica política de Chávez ha sido en buena parte discurso mediático (palabra-imagen, símbolos) desde donde se intenta construir una visión compartida de la realidad, fundamentar y promover un conjunto de acciones y alimentar un conjunto de expectativas.

Vamos a fijarnos en tres componentes de este discurso: lo mítico, lo ideológico y lo simbólico. Por lo mítico entiendo aquello que fundamenta en su origen y sentido la racionalidad de los procesos, sistemas y doctrinas políticas. Manuel García Pelayo sostenía que todo sistema doctrinal y todo orden político, por racionalizados que estén, tienen tras de sí una mitología política, más o menos simple o compleja, más o menos explícita o implícita que está a la base de su fundamentación radical y fines últimos. Por ideológico, siguiendo a Max Weber, entiendo el conjunto de ideas que pretenden convertirse en valores y creencias para legitimar un determinado tipo de dominación política. Por lo simbólico entiendo aquello que vincula, une emocional y afectivamente, al proyecto político y su liderazgo.

Dado el espacio disponible no pretendemos un análisis exhaustivo, quedarán asuntos importantes en el tintero. Por ahora presentaremos más bien un elenco esquemático que sirva para posteriores desarrollos. Nos centraremos en tratar de desenmarañar la lógica interna del discurso, cómo funciona, cómo se articula, el lenguaje utilizado, etc. En este sentido nos vamos por la vía descriptiva dejando también para otros trabajos lo que pudiera entenderse como una evaluación crítica.

1. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA COMO MITO

La tarea a la que constantemente ha convocado Hugo Chávez desde sus mismos inicios en la arena política ha sido el impulso y desarrollo de la revolución Bolivariana. Hay quienes han contabilizado el uso de esta frase compuesta en el discurso presidencial, y en general en los discursos oficiales, concluyendo que quizás es de las expresiones comunes más reiteradas a lo largo de estos últimos 10 años. Para caracterizarla brevemente podemos recordar el discurso de toma de posesión presidencial ante el entonces Congreso de la República el 2/2/1999:

Terminando el siglo XX y comenzando el siglo XXI venezolano aquí se desató una verdadera revolución… Yo tengo una gran fe en que le vamos a poder dar cauce, como se le puede dar cauce a un agua o a un río para que vaya al mar de manera ordenada y lleve vida a las riberas y a los pueblos… Asumamos con coraje y con valentía la tarea de darle cauce a la revolución venezolana de este tiempo o la revolución nos pasa por encima, tenemos dos alternativas, son dos opciones que tenemos: o le damos cause a esa fuerza o esa fuerza nos pasa por encima… Es hora de oír a Bolívar de nuevo y ahora es cuando los venezolanos van a oírme hablar de Bolívar, porque ese es el faro… No hay marcha atrás en la revolución política que tenemos que impulsar y que claman las calles del pueblo de toda esta tierra de Bolívar.

La revolución es una "fuerza" semejante a un torrente impetuoso, indetenible, imponente. A esa fuerza no nos podemos oponer porque nos arrasa, sólo es posible darle cauce a través de nuevas estructuras que expresen debidamente las aspiraciones populares de cambio y transformación que claman en las calles de esta tierra. El gobierno que se inaugura en 1999 se entiende como partero de este nuevo alumbramiento.

Pero esta nueva hora en realidad no es más que la continuación de un proceso que se inicia con la gesta de independencia en los comienzos del siglo XIX, en donde el pueblo se unió para conquistar su igualdad y libertad frente al imperialismo extranjero y a las clases dominantes. Ese proceso queda truncado y mutiladas las aspiraciones cambio popular frente a la imposición de una nueva oligarquía.

En esta visión, el hombre Bolívar sintetiza esta historia de redención y traición. Un hombre protagonista de otra clase, un mantuano progresista, logra captar las fuerzas políticas en juego y cambia sus intereses de clase dominante poniéndose al servicio del proceso revolucionario que encarna la emancipación, siendo posteriormente traicionado. Por eso Bolívar es el mejor guión argumental de la naciente revolución, ya que ella no es más que el despertar del sueño popular que él supo entender y conducir.

La revolución venezolana de finales del siglo XX y comienzos del XXI es la continuación de un proceso histórico que llevamos en las entrañas, es la continuidad del proceso originario que nos fundó como Patria, es la prosecución de la obra bolivariana, es el reencuentro de Bolívar con su pueblo.

Bajo la lógica comentada se resumiría el historicismo político bolivariano que funda y sostiene la revolución popular en desarrollo, de la cual el presidente es guía y servidor. Ese historicismo tiene como base el culto a Bolívar, la épica epopeya de la independencia y el romanticismo revolucionario latinoamericano. Hablamos de historicismo porque se trata de una concepción circular de la historia que gira sobre el eje de un supuesto destino manifiesto que determina el futuro y sus posibilidades. Pero lo que más nos interesa resaltar aquí es que bajo esta fundamentación se trascendentaliza el proyecto político vigente, se dota de sentido espiritual y de un conmovedor y emotivo patriotismo. Este sentido absoluto de redención confiere a la acción política de una especial legitimidad "para derribar y destruir, para plantar y edificar" propia de los grandes momentos de creación histórica, cuyos únicos límites son las consideraciones estratégicas a tener en cuenta para no afectar el movimiento en curso.

2. VALORES Y CREENCIAS COMO LEGITIMACIÓN DE LA DOMINACIÓN

Utilizamos el término dominación a la usanza de Max Weber: "la probabilidad de encontrar obediencia dentro de un grupo determinado para mandatos específicos" En este sentido, la legitimidad la constituye el "interés en obedecer", lo cual se fundamenta en determinados valores y creencias. En el caso concreto que analizamos pensamos que hay un grupo específicos de valores y creencias que se han venido profundizando en el discurso presidencial para fundar el "interés en obedecer" y de esta manera la legitimidad propia de la dominación específica del régimen político vigente. Proponemos un listado de algunos de esos valores y creencias que han actuado como soporte de la legitimidad política existente.

- PODER DEL PUEBLO

El objetivo primero de la revolución bolivariana es devolverle el poder al pueblo que le fue arrebatado bajo el régimen de democracia representativa que se estableció en la etapa anterior de la revolución. Ello supone devolverle al pueblo el uso y disfrute permanente de su soberanía a través del ejercicio de la democracia directa, sin mediaciones que entorpezcan o desvirtúen este ejercicio. La única instancia representativa valedera es la que encarna el presidente Hugo Chávez, pero su representación no es sólo legal, es más bien espiritual, representa el sentir del pueblo, o dicho de otra forma, el pueblo encuentra su identidad colectiva en el líder. Se Trata pues de una representación espiritual que permite que el sentir popular encarne la máxima dirección del Estado y asegura que éste Estado así conducido sea cada vez más poseído por el pueblo en las consejos comunales, en las comunas, en las mesas de agua, en los sindicatos, en los comités de tierra, en los círculos bolivarianos, en las misiones, en la permanente interacción con diferentes instancias del Estado, etc.

- INCLUSIÓN RENTISTA

Para que el pueblo ejerza su condición soberana es necesario que imponga su dominio sobre el principal recurso económico que posee el país: el petróleo y su industria. Durante por lo menos la mitad del período de gobierno del Presidente Chávez (1999-2004) buena parte de sus esfuerzos se han centrado en desarrollar una política petrolera en la que se fortalezcan los precios petroleros en el mercado internacional y se controle la industria nacional y sus asociaciones extranjeras.

El crecimiento de la renta petrolera a partir del año 2004 y su control exclusivo por parte del ejecutivo nacional se ha propuesto como una política expresamente dirigida a dar acceso a los sectores populares a la renta petrolera a través de múltiples políticas sociales distributivas, formas de empleo público, acceso a mayores niveles de consumo, llegando incluso a la administración directa por medio de diversos mecanismos de participación comunitaria.

- DEMOCRACIA PARTICIPATIVA

A partir de la constitución de 1999, se ha propuesto a la participación directa del pueblo como el instrumento privilegiado para impulsar su constitución como sujeto político, para impulsar los cambios y transformaciones que el país requiere y para garantizar el acceso a la renta petrolera a través de las políticas sociales del Estado. La participación se ha convertido en un valor altamente estimado. Muchas iniciativas se han puesto marcha desde el Estado. La acción política es sobre todo movilización en la calle para exigir derechos y reclamar frente a los funcionarios públicos.

- SOCIALISMO DEL SIGLO XXI

En la campaña electoral para la reelección presidencial en el año 2006 y, de manera especial, en la propuesta de reforma constitucional del año 2007, Chávez presentó al país su propuesta del socialismo, reorganizando los principales postulados de su acción política en torno a esta propuesta. El socialismo del siglo XXI es el programa actualizado de la revolución bolivariana. En esencia, se trata de un régimen de economía de Estado-rentista, con una organización política centralizada, con severas limitaciones al ejercicio de las libertades políticas, bajo un régimen de democracia plebiscitaria, con relaciones internacionales multipolares. La propuesta, aunque fue rechazada en el referéndum de diciembre 2007, sigue siendo hoy por hoy la bandera ideológica más importante del Presidente.

- AMÉRICA LATINA, LA PATRIA GRANDE

La revolución Bolivariana y el socialismo del siglo XXI, tienen vocación continental, no se reducen a su expresión nacional. Los cambios políticos en la región en los últimos cinco años han permitido que la propuesta del Presidente Chávez entre en discusión en el escenario continental, generando alianzas y políticas comunes, y en especial fortaleciendo las resistencias antiimperialistas frente a los EE.UU.

3. CHÁVEZ COMO SÍMBOLO

El Presidente Chávez ha tenido la habilidad de convertirse él mismo en símbolo de su discurso, de sus propuestas, de sus ideas. El es el hombre que lideriza y encarna la revolución, el máximo líder, el hombre que ama al pueblo, el que enfrenta a los enemigos, internos y eternos, el que sufre y padece las dificultades. De tal manera que la revolución se ha personificado en él. El es gobierno, Estado y Partido. Se ha establecido así un tipo de dominación carismática, cónsona con la propuesta de revolución, ruptura y cambio que propone. Lo tipo de la dominación carismática es precisamente el "seguimiento" al lider en cuanto encarnación de lo que proclama y dice. El alto índice de aceptación que todas las encuestas reportan (alrrededor de un 60%) señalan el éxito alcando en la generación de confianza, credibilidad y generación de expectativas.
__________________
José Virtuoso, S.J. Director del Centro Gumilla, Venezuela.


 
Revista Mirada Global © Copyright 2009